Diario de Valladolid

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SE REPITE la faena. Lo digo por Virginia Barcones, Directora General de Protección Civil y Emergencias. Conservo de ella un grato recuerdo. Pero lo cortés no quita lo valiente. En política, según Pericles, los amigos dejan de serlo ante el altar. Es decir, cuando te piden un imposible. En los tiempos clásicos esto se formalizaba ante el altar de los dioses con toda solemnidad. Hoy se hace ante la Constitución o ante un juez. Una especie de truco para una novela picaresca: donde fuego se hace, humo sale, y fin de la impostura.

Virginia Barcones no me ha llevado a ningún altar. Faltaría más. Pero políticamente me puso a prueba con su actuación en la Dana de Valencia, que fue una auténtica tomadura de pelo. Se encontraba la ilustre soriana en Brasil para hablar en lo que es experta, según diversos tratados: de «los sistemas de alerta temprana». Sabiendo, como sabía, que el temporal en España presagiaba un posible desastre, se fue de viaje. Llegó la dana, y nos hizo creer que, en modo remoto, estaba «en contacto permanente con España», y que, milagrosamente, dirigía las actuaciones con máxima eficacia y «sin dejar a nadie atrás». Mentira flagrante por la que entonces pedí su dimisión.

Ahora también la pido por los incendios que están arrasando a Castilla y León. La señora Barcones se ha convertido en la doctora Funciones. Decir, como ha dicho, que todo «ha funcionado» a la perfección, que «el mecanismo nacional de respuesta» ha sido ejemplar porque «se activa solo», y que ella «se anticipó» a la colaboración entre comunidades autónomas es, además de otra mentira más, pirotecnia política, piromanía en funciones para un sanchismo achicharrado que sólo sirve para poner un helado al sol y el besugo a la sombra.

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