Diario de Valladolid

Desoladora inactividad de las Cortes de Castilla y León y sus políticos

Juan k. Ayala

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LLEGA AGOSTO y el parlamento autonómico ha cumplido los mejores pronósticos que había sobre su actividad. Más de mes y pico cerrado y sin señales de vida de los parlamentarios, muchos de los cuales se embolsan más de cien mil euros al año y otros sobresueldos limpios de polvo y paja que rondan los 40.000 a los que sumar a sus nóminas como funcionarios o en empresas privadas. Esta es la realidad y la infamia en la que viven inmersas las Cortes de Castilla y León y sus inquilinos, que sólo se preocupan de la pasta, como ha quedado claro con la reclamación de la presidencia a la Junta de los casi 12 millones de euros para gastos de tres trimestres. La política endogámica. La que se preocupa de lo suyo, no de la gente.

En uno de los alardes de cinismo más intensos que se recuerdan en la política autonómica VOX y PSOE se conjuraron para, supuestamente, habilitar julio para la actividad parlamentaria. Nada de nada. Una comparecencia suspendida por baja del compareciente, el ex presidente del parlamento Luis Fuentes. Y la renovación de la ley de violencia de género que, también supuestamente, tanto quita el sueño a los socialistas ni se convocó la comisión para iniciar su tramitación. Que no se les vuelva a ocurrir usar esta ley como arma arrojadiza contra el PP o la Junta a la vista del mucho interés que han mostrado. Han preferido desaparecer todos antes que acudir al puesto de trabajo por el que cobran más de cien mil al año, coches oficiales y dietas aparte. Esta es la triste realidad de la política autonómica. No de la política de Castilla y León. La realidad penosa y en deterioro del parlamento autonómico. Ni están ni se les espera a no ser para celebrar comisiones con las que engordar las asignaciones. Y luego pretende incrementar los sueldos y regular las incompatibilidades como proponía el presidente del parlamento Carlos Pollán. La primera incompatibilidad que debe regular Pollán es la de la inactividad de quienes reciben paguitas, como las llama él, él incluido, de cien mil euros al año y no pisan por el puesto de trabajo, mientras cientos de alcaldes y altos cargos se desloman a diario trabajando por sus vecinos y ciudadanos. Lo de este año clama al cielo. Y eso que veníamos de años escandalosos. Seguramente parte de la debilidad de la identidad de Castilla y León tiene que ver con lo poco que se reconocen los ciudadanos en su clase parlamentaria. El resto de parlamentos autonómicos y nacionales ha seguido teniendo actividad política intensa. Aquí el apagón se produjo a finales de junio. Y ahora tienen otro mes y pico por delante de más vacaciones. Desolador.

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