Diario de Valladolid

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ES REALMENTE inaudito que en una democracia, que estaba consolidada, sigan apareciendo especímenes políticos que no creen en la alternancia del poder y que no apoyan y permiten la renovación de liderazgos para evitar la tentación de que siempre presida el gobierno un único «personaje». Porque ese es el lema que impera en los que piensan que ellos y solamente ellos serán los salvadores de la patria. Siento pena por lo que a estas alturas reivindican Pedro Sánchez, María Jesús Montero y Yolanda Díaz; pues siguen representando a esos politicastros que no creen en las urnas, ni en lo que las urnas representan. O, mejor dicho, solamente creen en las urnas cuando las urnas les son tan favorables que les permiten gobernar.

Y es que una democracia ha de tener un talante de libertad y transparencia y debe evitar a los gobernantes que aún se atreven a decir que si convocan elecciones generales están entregando el gobierno a la derecha. Como si la derecha nunca hubiera sido esencia viva – en las mismas condiciones que la izquierda – para que se haya consolidado todo lo que hoy somos.

No sé si esta España que hemos construido entre todos no será la España colmada de resortes que se vinculan a ese pasado machadiano que la divide en las dos ‘españas’ que conviven a duras penas y que han convivido permanentemente enfrentadas. Son las ‘españas’ monstruosas y arcaicas que no dejan vivir en paz a los que no deseamos batirnos en esa guerra intestina que se fecunda en lo interior de algunos seres humanos que hablan de democracia como si fueran demócratas, pero que defienden la dictadura de Maduro y no auspician sus actos desde la separación de poderes. Me da pena y asco que sigamos siendo la España defectuosa que habíamos mantenido a lo largo y ancho de la historia. Es la España que tropieza dos o más de dos veces en la misma piedra. Y la que hurga con inquina en la emoción de los seres humanos que deseamos la paz. Ya habíamos sido la España agresiva que quedó representada en el cuadro que Goya había titulado Duelo a palos. Y es por eso que el gobierno actual pide ayuda a sus socios separatistas y extremistas, a los que hicieron posible que la presente legislatura esté colmada de precarias condiciones. Donde todos se defienden a sí mismos defendiendo al tal Sánchez, a ese presidente condicionado por propios intereses que ofrecen tensión permanente, porque solamente anhela continuar gobernando.

Nuestro futuro está condicionado por la farsa que ofrece ese vacío que se conjura con todo lo que actualmente sucede. Y aunque desde el grupo socialista repitan con insistencia que el presidente del Gobierno está más fuerte que nunca, saben que es mentira.

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