En pocas palabras
De película. El alcalde socialista de León y el secretario general de Podemos en Castilla y León quieren que revivamos aquella pésima película titulada ‘Los chicos del Preu’, que dirigió Pedro Lazaga en 1967 con guión, entre otros, de José Luis Garci y Pedro Masó. Un bodrio de gente importante donde los problemas se ataban con longanizas en almíbar para amueblar las casas de unos burguesitos muy monos y sofisticados.
Con estos mismos ingredientes peliculeros –problemas que no existen, pero no importa pues se trata de darle al manubrio sin que se derritan los sesos–, estos dos ingenios de la política regional –un alcalde y el procurador de un partido residual sanchistamente bien coordinados–, pretenden quebrar ahora la estabilidad regional en Castilla y León, creando una nueva autonomía: la de León. Al escuchar sus sólidos argumentos –doña Urraca subida al madroño coñocoño–, me rindo ante la genialidad que soltó Faulkner al escuchar las peroratas de los políticos profesionales y más vagos de Norteamérica: «Es una vergüenza que en el mundo se trabaje tanto».
Los chicos del Preuniversitario siempre trabajan a destajo. En Soria, lo recuerdo perfectamente, esos mismos chicos en tiempos de la película se inventaron, en asamblea multitudinaria, el PIS, Partido Independentista Soriano. El PIS tenía incluso su brazo armado que llamaron el Freliso, o Frente de Liberación Soriano.
Todo esto se inventó entonces con cierta gracia por la misma razón que ahora se especula con la independencia de León con toda seriedad: para desquitarse de los supuestos centralismos de Valladolid, de Burgos, de Salamanca, de Zamora, de Segovia, o de Madrid. Y sobre todo por una razón contundente entre políticos desocupados que viven de la sopa boba: es mejor hablar de los problemas de Marte que del ciudadano de Castilla y León.