De Gardel, Maroto, Mitadiel y la armonía del pacto
Que la política es un cambalache ya no lo niega ni Carlos Gardel. Y en todo este carrusel un alavés, ¡cómo lo ves!, acabará de senador autonómico previa aceptación de sus señorías parlamentarias de las Cortes de Castilla y León. Un vitoriano, Javier Maroto, number tres de la todocaprichosa Génova, al que no le votaron ni sus vecinos para ir a la Cámara Baja, se ha obligado a sí mismo a residir en Segovia, no se sabe en casa de quién, para que le acepten en el hemiciclo castellano y leonés con pasaporte a la Cámara Alta. ¡Cuanta cámara y cuánta camarilla! En parte no es descabellado. Mañueco acoge en su regazo a uno de los brazos armados orgánicos de Pablo Casado y va restañando ciertas heridas de aquellas primarias de hace un año, en las que una vallisoletana llamada Soraya dejó tantos cadáveres orgánicos por esta tierra tras no sobrevivir ni ella al pulso con Casado. Y en parte, arrogarse Génova el senador autonómico es como si hubiera comisionado su cuota en el pacto con Cs, que visto lo visto y oído lo escuchado en manos de la formación naranja en Castilla y León no hubiera salido como salió.
Al final a Mañueco el pacto le ha salido a pedir de boca. Que en el cambalache de vetos y berrinches se cambió un Quiñones por un Mitadiel, y aquí pacto y después gobierno. Y todo con una enorme concordia, confianza, lealtad y comprensión mutua. Un dechado de armonía esta fusión fría entre PP y Ciudadanos, e Igea, claro. Miren ustedes si es todo placidez y cohesión que de momento en la sala del consejo de gobierno no considerado necesario instalar detector de metales por si alguno pasa una churrasca albaceteña. Las vacaciones y el estío irán asosegandolo todo y ya en septiembre volverán las broncas de los balcones del pacto a colgar. La primera, a cuenta de las cuentas.