El militar para acabar con las ‘francachelas’ culturales

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a alguno le ha podido sorprender que un militar se ponga al frente de la Consejería de Cultura y Turismo. Y así, de primeras, no pinta mal. Un militar con veteranía y rango en asuntos de archivos. Veteranía, rectitud, constancia, dedicación y trabajo. Eso a primera vista parece que aporta Javier Ortega, un valdepeñero desembarcado en Valladolid a través del puerto del archivo de Simancas. Tendrá tajo. Uno de ellos supuestamente acabar con el denominado a ojos de Ciudadanos uno de los chiriguitos de la Junta, la Fundación Siglo, la que rige buena parte de la acción Turística y Cultural del departamento y que está instalada en el Auditorio Miguel Delibes. Igual el cometido, así de buenas a primeras, no es cerrarlo pero sólo con que consiga poner a trabajar a algunos de los que llevan ahí amarrados a la piragua sin pegar un palo al agua durante buenos años ya sería un logro para el brigada en excelencia.
Es más, alguno que cobra de las arcas públicas por trabajar para otros que también le retribuyen. Tan bien pagados de sí mismos que hasta, en un acto de valentía, con el gobierno extinto, arremetieron contra quien fue sumiso durante años. ¡Valientes los quiere el Señor! Tendrá tajo el consejero. Pero el mayor chiringuito con el que tiene que acabar es con el contubernio ese de premios, literatos, premiados y jurados, que llevan años premiándose a sí mismos en una rueda de estómagos agradecidos que provoca arcadas. Eso no es cultura. Es cultura del pelotazo de premios y otras líricas. Una francachela y un premio ‘pa mí’ y mañana me quito yo del jurado, te pongo a ti y el premio ‘pa mí’. No hay más que cotejar una ronda de jurados y premiados. Y así ha ido creciendo la leyenda de algunos literatos que acumulan más premios que ejemplares venden en las librerías. ¡Firmes! Hay un oficial en la sala.