Diario de Valladolid

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Tras la constitución del Congreso de los Diputados, la frase de moda, por primera vez, tiene copyright exclusivo de Sánchez. Se resume en 3 en palabras complacientes dirigidas al golpista Junqueras: «No te preocupes». Una coña marinera que ya repite hasta el Tato. Será, digo yo, por aquello de Clinton antes de conocer a la Lewinsky: que un presidente es como un gerente de cementerios, pues «hay mucha gente debajo de nosotros y nadie nos hace caso». O sea, lo que es España ahora: un no te preocupes que te la voy a clavar.

Si Ana Pastor agasaja a los golpistas con un suculento desayuno en el Congreso, no te preocupes, porque podía haber sigo algo mucho más caro a cuenta del contribuyente. Si en ese mismo acto de constitución, la mujer de Ábalos –según el testimonio de Rocío Monasterio– pregunta que «¿quién es ese negro?», no te preocupes porque eso viene del Marqués de Santillana: «Jurado ha el baño, de lo negro no hacer blanco».

Si juras la Constitución lo mismo que decía la Celestina –«ni juramento ni tormento te harán decir verdad»–, no te preocupes lo más mínimo, pues quiere decir que el puterío es lo mismo que declarar la edad: puedes mentir honestísimamente. Si Meritxell Batet reta al Supremo para discutir sobre presos golpistas, no te preocupes. ¡Qué sé yo! Será porque la jodienda no tiene enmienda.

Si los podemitas hablan mal de Amancio Ortega –el empresario que más cotiza en España, crea empleo, y más ayuda a la sanidad pública–, entonces, oh señor despreocupado, empieza a preocuparte muy en serio porque la Venezuela de Maduro, como la señora de Avón, está llamando compulsivamente a tu puerta. Como abras la puerta de par en par pasado mañana, te vas a enterar del banquetazo que espera darte esta gente encantadora. Ya lo advertía Gómez de la Serna: a ver cómo digieres la «pata de la mesa que te ha tocado en suerte».

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