Manos vacías
JUAN Vicente Herrera ha vuelto con las manos vacías de su cita con Pedro Sánchez. Ni compromisos nuevos en financiación de la sanidad, la educación o la dependencia, ni avances en autovías, ni giros en la política del carbón o la automoción, ni concreción alguna en la mil veces anunciada estrategia contra la despoblación. El presidente de Castilla y León sí encontró «amabilidad» en el presidente del Gobierno. Pasaron cien minutos juntos en la Moncloa... y hasta la próxima foto;seguramente con otros actores. No se quejó esta vez el secretario regional el PSOE, Luis Tudanca, de falta de resultados de la entrevista. Y eso que un repaso a las hemerotecas revela idénticos desenlaces -pero distintas valoraciones- en anteriores encuentros de presidentes; es decir, nulos.
Y esa es la política que perdura. La de que lo prioritario es apuntalar al partido e ignorar resultados y las condiciones que permitirían mejorar la vida de las personas. Si se entrevista con uno de su partido, ¡caña! Si es del mío, ¡todo parabienes! La supervivencia de Sánchez en el Gobierno es lo prioritario y nadie puede permitirse el lujo desde sus filas de torpedearla.
Le pasa al PP algo similar. La fragmentada derecha española vive una involución desconocida. Vox es el modelo en el que se miden PP y Ciudadanos. Y esto no va a cambiar a corto y medio plazo; porque a las elecciones del domingo en Andalucía se superpone la amenaza del «superdomingo» electoral de mayo con múltiples urnas. Y vuelta a empezar. La supervivencia del partido se antepone a la necesidad de la gente.
Menos mal que Herrera ha leído suavemente la cartilla a Pablo Casado, el líder nacional que apoyó en el Congreso, por haber defendido la recentralización de las competencias de educación y el estado centralista. Podría haber hecho lo mismo con el impresentable whatsapp del senador por esta Comunidad, Ignacio Cosidó, donde presume de controlar a los jueces. ¿Imagina el lector la qué se habría armado si ese mensaje de móvil lo hubiera enviado un parlamentario socialista?
La clase política de siempre se entretiene demasiado en disputas vacías, se aferra al partidismo que se superpone a lo demás. Representan más al partido que a la gente que les vota. Se pierden demasiadas energías y excesivo tiempo en discursos vacuos aderezados con excesos de agresividad mientras en la calle hay demasiados problemas por solucionar. Alguien debería inventar un manual de trabajo que cambie estos estilos de hacer política y que exija resultados medibles en la vida de la gente. Otra manera de hacer política es posible. Volver con las manos vacías tras cien minutos en la Moncloa no es de recibo.