Diario de Valladolid

EDITORIAL

Las cuencas mineras exigen y precisan más concreción

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EL CARBÓN Y las cuencas ya cuentan con un documento en el que se plasma cuál será futuro en los próximos años. Un acuerdo sellado por los sindicatos y el Ministerio de Transición Ecológica y en el que se fijan las líneas maestras a seguir en desde ahora y hasta el fin de esa transición que se da en llamar ordenada de la minería.

Y ahí radica el problema. En que se fijan líneas maestras en un escrito de tres folios, cuando lo que el carbón y sobre todo las cuencas y sus gentes reclaman y exigen es una mayor concreción. Bien está el compromiso para revitalizar las cuencas, pero sólo eso dicho así, en una línea, no aporta nada. Y hace que desde las cuencas se desconfíe porque ya hubo otros acuerdos que recogían esta misma afirmación y las cuencas mineras están como están.

El documento que Gobierno y sindicatos acaban de rubricar, además, no concreta cómo promoverá el uso del carbón, ni qué concepto tiene de «competitivo». Este no es el único punto ambiguo del texto en el que tampoco se explican cuáles serán las medidas «excepcionales» para las empresas, ni cuáles serán las medidas de reactivación que promete para 2019–2027.

El acuerdo incluirá en el Plan de Acción Urgente en Transición Justa un proyecto para la restauración de explotaciones en comarcas minera sobre el que tampoco ofrece más detalles, salvo que estas comarcas pertenecen a las comunidades de Castilla y León, Aragón, Asturias y Castilla–La Mancha.

El acta sobre los puntos básicos del preacuerdo establece tres decisiones relativas al Plan Social para los rabajadores de las cuencas, salvo para los de la Empresa Pública Hulleras del Norte (HUNOSA) por su carácter público: bajas indemnizadas, prejubilaciones a aquellos que tengan al menos 48 años y otras ayudas. Eso sí lo concreta, como también se compromete a ofrecer ayudas de carácter medioambiental para financiar la clausura de las minas y la restauración del espacio natural y «otras medidas adicionales» como bolsas de trabajo o la participación prioritaria de los mineros en las actividades de restauración.

Pero, de nuevo, se vuelve a la ambigüedad cuando se trata de la Ciuden. Decir que se va a impulsarse la Ciudad de la Energía de Ponferrada es sólo una buena declaración de intenciones. Lo que toca es saber qué se quiere hacer y cómo quiere impulsarse. Lo demás no dejan de ser buenas palabras.

Y eso es de lo ya están hartas las cuencas y los castellanos y leoneses que en ellas viven, de buenas intenciones que siempre acaban en nada. Lo que estos territorios exigen y precisan es más concreción, justo lo que no les ofrece este acuerdo.

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