Diario de Valladolid

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ASÍ llueva y nieve otra vez de forma torrencial, hasta desbordar los cauces y el muro de los embalses, o soplen vientos de furia, el desmán de la factura de la luz no se arregla. De hecho, este que ha sido el año más lluvioso de los últimos tiempos ha visto remontar la factura de la luz hasta cotas nunca antes conocidas. ¿Por qué? Pues debido al desbarajuste que rodea a todo lo que tiene que ver con la gestión de las fuentes energéticas en nuestro país. En agosto y con los embalses repletos de agua como nunca, la subida del recibo respecto a 2017 superó el 35%.

Los mayoristas maliciados del sector aprovechan para gravar la factura eléctrica con el precio de la energía más alta y costosa del mix energético. Por poner un ejemplo cercano, el 5 de septiembre fue el día con la luz más cara del año, porque las compañías que manejan el enjuague cargaron la factura con las fuentes energéticas más caras y sucias, para incluir los derechos de emisión de CO2.

La transición energética española se ha hecho sacrificando los recursos propios, como el carbón de nuestras cuencas, y cediendo al criterio de rentabilidad del mercado qué porcentajes privilegiar en la facturación. Y ahí sí que no hay margen para la sorpresa: siempre marca el precio la energía más cara, relegando a las renovables, donde las empresas aprovechan sin coste añadido las cesiones del común para su negocio energético. El disparate tiene bemoles, y aunque parezca un asunto distante y enrevesado, nos golpea con el calambre mensual de una factura que responde antes a una engañifa propia de trileros que a criterios de ingeniería.

El regulador del mercado eléctrico en España no es independiente, sino parte decisiva del negocio. Desde el 6 de este septiembre lo preside Carmen Becerril, consejera de Acciona y presidenta de Fortia, después de haber sido (¡Vivan las puertas giratorias!) directora general de energía en el gobierno de Aznar. Una vez desbocados los contadores, pasa a ser urgente su relevo en caliente, para que la anomalía no siga sangrando a los consumidores.

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