Diario de Valladolid

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SE nos ha muerto Torbado, escritor y periodista terracampino al que he seguido con auténtica devoción. Su fallecimiento me ha activado viejos resortes, conductas, criterios y maneras de entender el periodismo, ese que nos han legado los mejores del oficio, los corresponsales, los cronistas de viajes, los que manejaron la palabra con dignidad y la información con pulso contrastado, escribiendo en primera línea de fuego. Creo que Torbado no lo tenía, pero es un Cirilo Rodríguez, distinción de raíz segoviana que es el olimpo del periodismo. Ahí están, en su palmarés, los últimos periodistas de raza. Porque Jesús Torbado era de la cuerda de Manu Leguineche, el jefe de la tribu, como le tituló un día Carlos Blanco, y alguien en quien deberían profundizar las nuevas generaciones digitales, tan lejos de la libreta y el lápiz, y de los caminos de polvo.

Torbado nos dejó maravillas, como Las corrupciones; En el día de hoy; Los topos, con Leguineche; Camino de plata; El inspector de vírgenes; y La ballena, entre otras. Tres de sus obras forman parte de mi biblioteca íntima, arcano emocional y biblia sobre la que pongo las manos cada mañana, como Tierra mal bautizada, de Ámbito, mi primera lectura torbadiana, regalo impagable de Ernesto Escapa.

Esta es una descarnada crónica, mezcla de ternura y crueldad dialéctica, de la tierra de mis mayores. Sus fuentes son pueblos, paisanos, mujeres, iglesias, curas y taberneros. De todos se puede beber y no saciarse, y releer las leguas más bellas de la literatura de viajes de esta región. Porque un joven Torbado recorrió a pie, a finales de los 60, la desangelada llanura terracampina. Hoy nadie se atreve a repetir esos pasos. A Torbado le debemos un foro de reflexión y análisis para debatir lo que describió hace medio siglo.

Otro de sus libros es un relato enmarcado hace 900 años, El Peregrino, retablo jacobeo con pluma certera sobre escenario medieval. Quien no haya seguido los pasos de Martín de Châtillon nunca sabrá cómo caminaban juntos el pecado y la virtud, el rico y el mendigo, la puta y el santo.

Y un tercer libro, curioso listado de cronistas, es Viajeros Intrépidos, donde se incluye él mismo contando su primer viaje: se desprendió de los brazos de su madre con apenas unos meses y cayó del burro por una pendiente camino de Moraña, en un día de nieve, en la montaña leonesa, hace 75 años. Premonitorio.

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