El eslabón Merino
COMO la recurrencia de las fiebres tercianas, que repetían calentura cada tres días hasta acabar doblando al bicho, la corrupción aflorada con condenas esta primavera purga y rescata robos y fechorías de un pasado inmediato frente al que parecemos incapaces de ir pasando página, después de las correspondientes friegas y sanciones. La pretensión de simular que nada pasó o que la red criminal se limita a ‘esas cosas que hicieron algunos’, nos instruye acerca de los esfuerzos para desviar el asunto por vericuetos cenagosos. Con argucias de argumentario, que es el breviario para bobos.
A mí me pasa desde el principio del tiberio de Gürtel con la variante de Olleros de Alba, pendiente tendida hacia el Bernesga desde la collada que parte aguas con el Luna. Ahí dieron uno de sus bocados los penitentes Bárcenas, Correa y el conseguidor Jesús Merino. Su pillaje por nuestro escenario autonómico tuvo otros tres caladeros, repartidos entre obras asfálticas y ambientales, incluido el marraneo de los gochos, que los finos prefieren llamar purines.
Merino nació en Hontalbilla, pueblo de la Churrería cuellarana donde lo conocen como ‘caperu’, abreviatura de Caperucita. Empleado como fontanero de UCD en el Senado y en las áreas de gobierno de Trabajo, contactó con Lucas, que lo trajo a Castilla y León como consejero de Fomento (1991-99), secretario general del partido (1992-2000), vicepresidente de la Junta (1995-99), senador autonómico y diputado. Fue viceportavoz con Soraya (2008-10), hasta que el zurriago de la corrupción lo mandó a casa.
Lo que me amoló más de que la panda metiera el cazo en Olleros no fue solo que los mordiscos dejaron el firme en precario y enseguida maltrecho, sino la postración del fenómeno paranormal del empuje telúrico de la ermita de Entresierra, donde antes petaban las paradas de prueba y últimamente flojea la concurrencia. La prueba telúrica consiste en detener el motor del vehículo y comprobar cómo sube la pendiente en punto muerto desde el puente hasta la ermita. Sin trucos ni alucinaciones.