Diario de Valladolid

RAFAELA ROMERO VICIOSA

Los mayores, nuestro empeño

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Cuando hablamos de «centros de mayores», no es extraño que se dispare en nuestro subconsciente la imagen de lugares donde «los más viejos» descansan al abrigo del calor municipal, café y «partidita» de cartas, mientras pasan así, lentamente, la mañana o la tarde, sin más horizonte vital. Se trata, sin duda, de una «imagen» estrechamente asociada a los tiempos en que «jubilarse» suponía, irremediablemente, entrar en la vejez, desvincularse de los procesos productivos y, en paralelo a la pérdida de capacidades y por tanto de autonomía, aislarse del mundo. Sin embargo, en 2018 y en una sociedad tan cambiante como la nuestra, esta caracterización dista mucho de la realidad de nuestros mayores. Y, por lo tanto, es previsible que diste aún mucho más, en un futuro nada lejano.

En nuestro «hoy», la esperanza de vida en España es de 85,8 años para las mujeres y de 80,3 en los hombres, unas de las más altas de Europa. Pero no sólo eso: los datos incluidos en el Informe de Envejecimiento en Red (febrero 2018) revelan que un alto porcentaje del tiempo que resta por vivir a las personas de 65 y más años de edad serán años de buena salud.

En esta foto rápida de nuestros mayores cabe destacar, además, que la pensión media de una persona castellano y leonesa es de 912 €; con un 95% residiendo en su domicilio y con un 90,1% de vivienda en propiedad (si hablamos de mayores de 65 años). Y una última consideración referida a este mismo colectivo en Castilla y León: el 19,76% finalizaron la segunda etapa de Educación Secundaria y el 25,96 % la Educación Superior –esto último, con tendencia significativa al alza–.

Hoy, envejecer… es «otra cosa». Nuestros mayores son personas activas y plenamente integradas, que demandan servicios y ponen su experiencia y sabiduría al servicio de la comunidad en la que viven. Un perfil lejano al inmovilismo y que está poniendo en jaque los viejos modelos de atención.

En este sentido, convencidos como estamos de esta nueva realidad que se impone, hay que poner todo el empeño en transformar la atención que reciben nuestros mayores (una cuarta parte de la ciudadanía castellano y leonesa); fundamentalmente por dos razones: la primera, retrasar la entrada en situaciones de dependencia; la segunda, alcanzar el sueño de una sociedad que sabe aprovechar la experiencia acumulada por este sector de sus ciudadanos y ciudadanas.

Desde esta perspectiva, es necesaria la transformación de los centros de personas mayores en lugares abiertos, con luz y frescura, lugares donde al entrar se nos transmita la idea que allí se disfruta atrapando cada segundo de la vida, practicando yoga, bailando, leyendo, pintando, recordando, compartiendo saberes, … y dinamizando el barrio donde están ubicados.

Por todo ello es necesario adaptar la normativa de funcionamiento de los CPM, porque la actual contempla un sistema de participación que fue útil en los orígenes de los centros, hace más de 30 años. Como ya hemos planteado, los cambios sociales, el nuevo perfil de mayores y la heterogeneidad del colectivo reclaman una participación más directa y dinámica. Hay que tener en cuenta a las personas que participan asiduamente en los talleres y actividades que se realizan en los CPM, que tienen una implicación muy intensa en su actividad; y, además, a las personas voluntarias que realizan, de forma altruista, actividades dirigidas al resto de personas usuarias, voluntariado que, a día de hoy, no dispone de un canal formal de participación dentro de los centros, a pesar de su importante presencia en los mismos.

Hay que configurar un sistema de participación más horizontal e igualitario, que favorecerá que los CPM desempeñen un papel fundamental en la promoción de la igualdad de género.

Estos cambios, junto con la agilización del acceso a la red de centros, la eliminación de la condición de empadronamiento (aunque el Ayuntamiento subvencionen la actividad sólo a las personas empadronadas) y el reconocimiento explícito de nuevas formas de convivencia que constituyen por tanto nuevas formas de familia, proyectan al futuro los modelos de intervención municipal con este colectivo.

Buscamos y trabajamos por una Ciudad amigable con las personas mayores, ese es nuestro empeño.

Rafaela Romero Viosca es concejala de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Valladolid

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