EDITORIAL

La obligada protección a los profesionales sanitarios

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LA SANIDAD DE Castilla y León se encuentra entre las mejor valoradas del país y los pacientes le otorgan un notable. Una alta calificación que lo es, casi exclusivamente, por el gran trabajo y labor que desempeñan los profesionales que ejercen la Sanidad en esta Comunidad, como reconoce el propio presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera.

Profesionales a los que es no necesario, sino obligado proteger y cuidar, algo que a la vista de los datos que se acaban de hacer públicos no sucede en muchas ocasiones.

Cada vez más profesionales sanitarios son agredidos por los pacientes o sus familiares. No solo verbalmente, sino que también físicamente. El Observatorio de la Consejería de Sanidad registra un importante incremento en las agresiones físicas a los trabajadores médicos, de enfermería, celadores, auxiliares de enfermería y de otro tipo.

Las enfermeras son las más agredidas, bien es cierto que su colectivo es el más grande, a lo que se le añade que están «continuamente al lado del paciente», según aclaran desde Satse y desde el Colegio de Enfermía de Valladolid. «No tiene que haber ninguna agresión», sentencia el presidente del Consejo de Colegios de Médicos de Castilla y León y del sindicato médico CESM, José Luis Díaz Villarig, quien añadeque este problema es una «lacra» que perjudica «al sistema, a la sociedad y a los pacientes». Y no le falta razón.

Aunque la mayoría de agresiones se saldan sin un perjuicio temporal de los profesionale, si que provocan lesiones que varían, desde un traumatismo en un brazo y una lesión en cervicales y el oído, hasta crisis de ansiedad; una hemorragia vitrea, contusiones, mordeduras y arañazos, subluxación de un dedo o un golpe en la cabeza y ansiedad.

La mayoría de las agresiones físicas se producen en Psiquiatría. El resto de agresiones físicas se suceden en Urgencias, consulta, domicilio del paciente, vía pública y medicina interna.

Los profesionales sanitarios contemplan estas y otras explicacione, que van encaminadas hacia que el paciente «descarga su descontento general con el profesional», debido a la saturación del sistema, a los cambios del médico de cabecera, a las listas de espera, al tiempo que los usuarios pasan en urgencias y al «déficit» de profesionales.

Villarig añade que es una situación que no tiene «nada que ver» con los profesionales, sino con el sistema, que aunque sea «bueno» está «saturado» en las pruebas diagnósticas, las consultas y las urgencias.

La realidad de los datos es que el problema existe, es grave y es obligado atajarlo desde ya. Una tarea en la que las administraciones deben poner toda la carne en el asador para proteger a los profesioinales sanitarios.