Diario de Valladolid

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¿NO es tremendamente injusto un sistema electoral que otorga la mitad de los parlamentarios a una fuerza que ha conseguido el 37% de los votos de la gente? Esta es la voz de alarma que lanzaba este miércoles en el Parlamento autonómico con argumentos exentos de vehemencia Natalia del Barrio, la número dos de Podemos en las Cortes de Castilla y León.

Y me pareció miserable, desproporcionado, falto de rigor, arbitrario y prepotente que el portavoz de Ciudadanos, Luis Fuentes, le acusara de buscar un «show mediático» cuando incluso el razonable y moderado interlocutor del PP, Ángel Ibáñez, se mostró dispuesto a estudiar las enmiendas de la formación morada.

Es fácil sospechar que Fuentes ya ve a su partido naranja como mayoritario, incluso como beneficiario de ese antidemocrático reparto de escaños ideado por el jurista belga Víctor D’Hont. A diferencia de algunos de sus colegas de escaño, al portavoz de Ciudadanos casi siempre le falta humildad y en ocasiones, como la de este miércoles, le sobra soberbia. Incluso en el Congreso, la desproporcionalidad entre escaños y votos está mucho más equilibrada: el PP obtuvo el 33% de los votos y tiene el 37% de escaños. La desproporción en Castilla y León, de trece puntos, es el triple que en las Cortes generales.

¿Por qué Fuentes monta un show colérico ante una propuesta razonable, medida, discutible pero argumentada, de una procuradora podemita que demostró firmeza, sensatez y rigor? Seguramente porque el líder de Ciudadanos había olvidado su economicista reforma electoral, tímidamente regeneracionista, de hace dos años y esos aires nuevos de entonces que cada vez que hablan las encuestas demuestran estar más contaminados.

¡Cuántas veces hemos escuchado, como dijo Del Barrio, la sobrerepresentación de los nacionalistas o independentistas en los Parlamentos autonómicos! Pues en esta Comunidad autónoma pasa lo mismo y decenas de miles de votos de las formaciones minoritarias están infrarepresentados y por lo tanto excluidos. El show de Fuentes es el de los viejos partidos asentados que olvidan el discurso nuevo cuando ya no les interesa; los que exhiben radicalidad para obtener réditos. Menos mal que todavía algunos compañeros de banquillo de Fuentes no se visten con esos trajes sobrados de altanería y arrogancia que demuestran carencia de argumentos y falta de solidez.

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