El IRPF menos gravoso para todas las rentas
la capacidad normativa de la que disponen las comunidades autónomas ha dado como resultado todo un mosaico de tasas e impuestos y, en muchos casos, una competencia entre territorios. La guerra fiscal en la que han caído los gobiernos autonómicos se observa en el caso del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, en el que existe todo un abanico de exenciones y deducciones en las comunidades.
También en el tramo autonómico del Impuesto sobre la Renta, aunque todas las autonomías han optado en mayor o menor medida por utilizar su capacidad normativa, han aplicado distintas variables. En el IRPF, a la tarifa común que fija el Gobierno se suma la parte autonómica y los distintos Ejecutivos regionales pueden decidir tramos y tipos que aplicar sobre el 50% del impuesto.
Los ciudadanos de Castilla y León están entre los que salen más favorecidos, ya que durante este año sigue siendo la segunda autonomía –solo superada por Madrid– que menos grava con el IRPF, tanto las rentas más bajas, como las medias, las altas e incluso las más altas. De este modo, con independencia de los ingresos que obtengan de su trabajo, los castellanos y leoneses son los segundos que menos tributan por ellos.
El tipo mínimo del tramo autonómico del IRPF bajó en 2016 del 10% al 9,5% para los salarios brutos inferiores a 12.450 euros y se ha mantenido invariable los dos últimos años. Sumado al gravamen estatal, resulta una tarifa mínima del 19%. En la misma línea están otras ocho comunidades, entre ellas Madrid, Castilla-La Mancha y Galicia. En el lado opuesto se encuentra Cataluña, con el con el tipo mínimo más elevado:el 21,5% al sumar al 9,5% estatal otro 12% autonómico. La Junta también ha optado por penalizar menos que otras comunidades las rentas más altas, en sintonía con Madrid y a diferencia de lo que han hecho los gobiernos de Cataluña, Andalucía o Valencia, que elevaron hasta el 25,5% su cuota autonómica. En Castilla y León, es cuatro puntos menos y, sumada a la cuota estatal del 22,5%, sitúa un techo del 44% para los trabajadores con ingresos brutos superiores a los 53.407 euros.
De este modo, un castellano y leonés sin hijos y con un salario bruto anual de 14.000 euros pagaría por el Impuesto sobre la Renta 762,4 euros, lo que supone 13,4 euros menos que la media de España y 100 menos que un catalán. Si los ingresos anuales superan los 55.000 euros, el ahorro llegaría a los 257 euros en relación con el promedio nacional y, si se superan los 100.000 euros, alcanzaría una diferencia de hasta los 705 euros.
Los partidos políticos difieren sobre la conveniencida de incrementar o reducir la presión fiscal sobre los ciudadanos pero, en todo caso, la armonización de algunos impuestos sería conveniente para evitar la ‘guerra’ entre autonomías.