Detrás de la cortina
HAY personas, la mayor parte mujeres silenciosas, que están al otro lado de la cortina, detrás de la vida de otras. Entre bambalinas manejan con destreza psicológica los sentimientos y decisiones de los demás. Elijan personaje, miren a su alrededor y descubrirán que siempre hay un segundo o una segunda moviendo los hilos. Siempre está de guardia, detrás de un presidente, un novelista, un rico empresario, un pintor de fama o un genio estrambótico. Pongan estos cargos en femenino también. Se puede elegir sobre un inagotable abanico, en todas las disciplinas que tejen la polícroma manta de la humanidad. A veces se esconden; incluso repasando los viejos libros y buceando en las fuentes asaltan dudas sobre quién pudo estar detrás de cada hombre o mujer de leyenda.
Habrá que hacer, algún día, un homenaje público a los segundos y segundas, que tanto han aportado y aportan con sus silencios. Ahora bien, conviene señalar que el laureado o laureada –que es un personaje irrepetible- destaca por su genialidad propia y única, que hace brotar el conocimiento, define su virtuosismo, afianza su personalidad y sobredimensiona la fuerza del mensaje. Por eso son los propios personajes los que entran en la Historia para siempre. Otra cosa es que los segundos aterciopelen la alfombra que pisan y templen gaitas de puertas para adentro.
No hace falta ser célebre ni prócer, porque todo el común se baña en las mismas aguas. Analicemos a alguien que destaque: escúchalo, léelo, observa su espectáculo y sus mensajes, y pregúntate quién está detrás.
Pero el juego que propongo es más sencillo: haz lo mismo con tu serio y respetuoso vecino, con el profesor cabal, el jefe exitoso, el alcalde y el político afamado. En este este último campo, el de los políticos, se complican las cosas, pues habría que hacer un crucigrama para descifrar el jeroglífico del avispero, dado el enjambre que alimenta a nuestros representantes, la mayor parte sin méritos para ocupar sus cargos.
Esto podría ser objeto de otra reflexión aunque, evidentemente, ninguno de ellos sobra en el juego de la cortina. Por eso, investiguemos quién está detrás de ella, quién mece la cuna y aterciopela la alfombra; así podremos separar el grano de la paja, la genialidad de la verdad. Y así -solo así- podremos aplaudir con garantías a los hombres y mujeres que destacan por encima de los demás.