ESPEJOS PARA LA BASE / JOSÉ LUIS GARCÍA SANZ
Un insigne salvavidas
La dedicación del fundador de la Federación autonómica de Salvamento y Socorrismo le ha valido la concesión de la Insignia Olímpica del COE

José LuisGarcía Sanz posa rodeado por muñecos de salvamento en la piscina de Parquesol.-J. M. LOSTAU
Hay personas que se lanzan a la piscina de cabeza si en el fondo hay un tesoro por el que luchar. Sin embargo, hay ocasiones que esa determinación se convierte en épica. Esto ocurre cuando esa piscina está vacía. Eso fue lo que se encontró el vallisoletano José Luis García Sanz cuando (de la mano de sus hermanos) se lanzó hace más de 20 años a darle forma a la corriente del salvamento y socorrismo en Castilla y León para que la corriente compartiera su energía entre la faceta laboral y deportiva de este universo.
El idilio de José Luis García con el agua comenzó pronto. Cuando tenía menos de diez años comenzó en natación con sus hermanos. José Luis llegó incluso a batir el récord de Castilla y León de 200 estilos. Sin embargo, una operación de apendicitis le apartó de la natación. Probó con otros deportes, pero el agua seguía corriendo por sus venas y cada verano durante unos cuantos años los pasó a pie de la piscina como socorrista.
El mundo del socorrismo circulaba a finales de los 80 y principios de los 90 por el camino que marcaban los delegados designados por la Federación Española, los mismos que se encargaban de convocar los cursos de formación y que privaron a su hermano Alberto de dar cursos de socorrismo. Esa puerta cerrada fue una puerta abierta para una cruzada que comenzó en 1988 con los cuatro hermanos (José Luis, María Victoria, Alberto e Isabel) en liza. «Fue más por amor propio, por decir que esto no iba a poder con nosotros. No entendíamos que el socorrista en verano trabaje de socorrista, pero durante el año se tenía que preparar. ¿Dónde lo hace si no hay clubes de salvamento? Eso era algo que no nos gustaba y cuando eres joven lo ves todo de una manera idealizada y eso fue lo que pasó», explica José Luis.
Antes de comenzar a encadenar horas de papeleos y burocracia, hubo un punto de inflexión: la organización en 1992 del Campeonato de España en Valladolid. Las piscina exterior de Río Esgueva puso la primera piedra que el Salvamento y Socorrismo dejó en la ciudad: «Aprovechando que se hacía el Campeonato de España pudimos conocer en vivo y en directo el deporte, el arbitraje... todo en su conjunto. Eso nos sirvió para montar la Federación Autonómica», explica.
Con la idea de hacer convivir la faceta profesional con la deportiva en mente la batalla se ganó en 1994 con la formación de la Federación de Castilla y León de Salvamento y Socorrismo, un hito en el que tuvo mucho valor el papel de Mariano Cuesta, gurú que guió la creación de los cimientos federativos. Desde entonces, el salvamento y socorrismo ha pasado de contar con una pequeña diáspora de competidores repartidos por toda la comunidad a contar con 3.000 federados, 2.200 deportistas de los que 1.3000 competidores de base. «Echando la vista atrás se ha trabajado mucho, y se ha ido consiguiendo mucho. La de Castilla y León fue la última federación en constituirse a nivel nacional, pero es un referente en muchos aspectos: a nivel de base, de árbitros y de competición (este año habrá 46 competiciones, incluido el Campeonato de España que albergará Parquesol en febrero)».
El cuento de hadas ha ido corriendo por las páginas con una historia feliz después de unos inicios que, por definición, siempre complicados: «Se partió de cero, no había nada. En Castilla y León desde hace mucho ha existido la natación y todas las piscinas cubiertas estaban ocupados por ellos. Nos costó mucho empezar a entrenar en una piscina cubierta», explica. Una diferencia que, poco a poco, se ha limado.
José Luis García Sanz puede hacer balance y que los números salgan positivos después de 30 años enamorado del salvamento y el socorrismo. Árbitro internacional con tres Campeonatos de Europa y unos JuegosMundiales a sus espaldas, responsable del Comité Arbitral de Castilla y León, presidente de la FECLESS y vicepresidente de la Federación Española, la huella que ha dejado a su paso este vallisoletano no ha pasado desapercibida para las altas esferas. La palabra toma cuerpo con la forma de la Insignia Olímpica concedida por el Comité Olímpico Español, otorgada el mes de noviembre del pasado año: «Uno no es directivo con el objetivo de tener una Insignia Olímpica; uno trabaja porque le gusta este mundo y porque cree que puede ayudar a formar y a salvar vidas. No me la esperaba, ha sido uno de los mejores momentos de mi carrera», reconoce.
El lanzamiento de la actual Liga Nacional o introducir la figura del juez crono han sido algunas de las iniciativas que ha moldeado un insigne salvavidas, que está dispuesto a estar muchos años más alerta a pie de las piscinas: «Aguantaré hasta que se acabe la ilusión. De momento, me gusta y me apasiona», asegura.