Escombros de la crisis
MARTES, 23 de octubre. Vuelvo escéptico a casa tras hora y media de escuchar a la consejera de Economía contar apática en las Cortes los presupuestos de 2018. Vivo en un edificio de un barrio obrero con ‘infiltrados’ de última hora de clase media. En el portal me encuentro con Roberto, está jubilado y es el más antiguo del inmueble; también, el mejor informado de los dramas personales de una comunidad de vecinos variopinta que él se encarga a menudo de recordarme. «¿Y qué os ha contado la consejera?». No sé qué decirle. «Cifras y cifras».
Roberto es un tipo inquieto, solidario, amante de algunas causas perdidas. Nota mi escepticismo. Está a medio camino entre la frustración utópica y el pragmatismo de lo inmediato; conoce la ‘fauna’ de una comunidad donde, según me recuerda, conviven familias de inmigrantes hacinados, mujeres separadas con hijos, ancianos aparcados, viudas solitarias, jóvenes estudiantes con habitaciones alquiladas, parados de eterna duración…, también trabajadores con incontroladas y abrumadoras jornadas laborales y algún oficinista de corbata y ocho horas diarias.
Mi inquieto vecino trata de sonsacarme si la consejera ha arrojado algo de luz o esperanza para alguno de ellos. Por más que hago memoria y trato de sacar mi habitual optimismo no logro rescatar ningún mensaje que sirva para aliviar la vida de esta gente.
«Mañana te leeré», me dice con sonrisa. Entro en casa y hablan de Cataluña. Apago la radio. Pasan los días y me pregunto para qué sirven los presupuestos. La consejera dice que la economía regional tiene «buen pulso». Me parece insultante cuando a mí alrededor veo aún «los escombros de la crisis» y me cuenta uno de los jefes de Cáritas que la recuperación no ha llegado aún al 70% de los hogares españoles.
Para colmo, el insensato Puigdemont sigue tapando las vergüenzas de Rajoy en su alocada estrategia de tensar antidemocráticamente la cuerda que da alas al golpe constitucional del 155. «La fiscal de ‘Gürtel’ concluye que hay pruebas abrumadoras de la ‘caja b’ del Partido Popular», dice la prensa. Considera que altos cargos de este partido aceptaron sobornos, se enriquecieron y atentaron contra el Estado de Derecho. «El PP se lucró», sugiere. Cita al exvicepresidente de Castilla y León Jesús Merino como implicado. Da asco. La noticia pasa casi desapercibida. El informe de Cáritas, también. Roberto me preguntará mañana por qué.