Diario de Valladolid

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Quienes piensen que detrás de la corriente desatada por los seis diputados que se han pasado al mixto en la Diputación de Soria para testimoniar su hartazgo con las imposiciones de la presidente del PP, Mari Mar Angulo, está la sombra de Antonio Pardo no sólo se equivocan si no que se confunden. Antonio Pardo ya no mueve voluntades ni estrategias en el sector crítico y cada vez más sólido del PPsoriano. Es posible que ni él mismo sepa que empezó a irse el día que, hace dos años, decidió huir de la quema electoral que olisqueaba. Pero es que fue él quien encendió la yesca. Yluego vino la gresca. Y acabó de irse el día que decidió enfrentarse, hace apenas dos meses, contra su ex protegida para recuperar el poder en el PPsoriano, y perdió estrepitosamente. Seguramente porque Pardo, que se creía la solución nostálgica, es parte del problema que en el que se ha hundido (electoralmente) el en otro tiempo todopoderoso y omnipresente PPsoriano. Aquel idilio que nació hace nueve años con el único ánimo de descabalgar a la entonces vicepresidenta de la Junta, María Jesús Ruiz, auspiciado desde la secretaria regional de los populares, acabó a mamporro como era de suponer. Colisión de egos cósmicos. Uno insoportable y el otro insondable. La lealtad en política es cada vez más flor de un día. Hoy Angulo mira la otra orilla, más preocupada y debilitada que nunca, y descubre los rostros de los que la escoltaron en su orilla hacia el ascenso a la presidencia del PP soriano. Y esos mismos que la escoltaron hacen lo propio y no dan crédito. Pero Pardo ya no tiene predicamento ni entre unos ni entre otros. Aunque Pardo y Angulo serían capaces de resucitar su idilio con el único ánimo de amargar a alguien. Visto lo visto, al tiempo.

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