Redacción de Valladolid

El ‘simpa’ de Quiñones

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QUIEN MÁS quien menos anda en el PP de Castilla y León con la respiración contenida a la espera de lo que les deparará el futuro tras el congreso autonómico del próximo sábado. Contenida porque no saben cómo van a administrar una bicefalia a la que no están acostumbrados. Vivían muy felices bajo el paraguas de Juan Vicente Herrera, que todo lo amparaba, y ahora descubren que esa supuesta paz interna sólo era eso: supuesta. Las pseudoprimarias han revelado que ni son tantos, ni tan bien avenidos como querían hacer creer.

En el PP han vivido ese aire de tranquilidad gracias a la omnipresente figura de Juan Vicente Herrera, que nadie discutía ni discute, y que todos, incluidos Alfonso Fernández Mañueco y Antonio Silván, pero sobre todo el alcalde leonés, esperaban, deseaban y anhelaban que continuara dos años más, hasta las elecciones de 2019.

Y es que no es oro todo lo que reluce. Ha bastado que Herrera se haya hecho a un lado para descubrir en el PP las mismas divisiones que en otros partidos, que sólo han estado escondidas por la fuerza de Herrera y los treinta años que llevan ejerciendo el mando en plaza en Castilla y León. Un manto, el del poder, que todo lo tapa.

Es ahora cuando empiezan a verse las vergüenzas entre los ‘populares’, por más que Mañueco y Silván, Silván y Mañueco, quieran vender una entente que ni ellos mismos se creen y que, a poco que se tuerzan las cosas en las urnas y ya sin la figura patriarcal de Herrera, acabará por saltar por los aires.

Aunque para vergüenza, poca vergüenza, la de Juan Carlos Suárez Quiñones y su desplante a las Cortes y al proyecto de ley de ampliación del Parque Natural del Lago de Sanabria. Es injustificable que el consejero de Medio Ambiente, de quien depende directamente ese proyecto de ley, haga mutis por el foro y se marche a Segovia a sujetarle el paraguas a la ministra Isabel García Tejerina. Y es una desvergüenza que, después, lejos de pedir perdón sin más ambages, cargue contra quienes le critican por un desplante que él califica como anécdota. Por una anécdota el presidente Herrera no se ve en la obligación de pedir disculpas. Tampoco sirve aquí la descoordinación.

¿Habría existido esa falta de coordinación si Quiñones fuera procurador y su voto hubiera sido necesario para aprobar la ley? No hace falta que respondan.

El ‘simpa’ de Quiñones a las Cortes tiene poco de anecdótico y mucho de descontrol y de ir cada uno a lo suyo.