Diario de Valladolid

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CON TANTO huracán del nordeste peninsular, hay que ir en busca de vientos suaves y climas benignos en el noroeste. Cada día que pasa estoy más cerca de Portugal, más pegado a esa tierra que escribe en portugués, que huele a mar, pero suena y sabe a Douro. Es la tierra de Camões, Pessoa, Guerra Junqueiro -nuestro vecino de Freixo- y Saramago, que fue el adelantado de una Iberia de todos. Me fascina esta tierra por su melancolía y su aire casi intacto todavía. Y por su autoestima patria. Siento un placer irresistible cuando acudo a don Miguel, viajero en tren por la orilla del Douro. Imprescindible lo último de Agustín Remesal, ‘Por tierras de Portugal. Un viaje con Unamuno’. Confieso que me detengo en mitad de los puentes y las presas para constatar que ya no hay guardiñas ni tricornios ni aduanas ni papeles ni ‘prohibido el paso’… ni muros. Eso es lo bueno que tienen en el noroeste, ante la ceguera insolidaria y retrógrada del nordeste. Miro desde los pretiles y barandillas, hacia abajo; escucho a las truchas, que llevan siglos nadando libres, sin fronteras, como escribió don José, el de Azinhaga. Qué pena que no se traduzca mucho más al catalán.

No quiero cometer el error endémico de quedarme con los titulares lastimeros o únicamente literarios. Ni tampoco recurrir a las portadas de los grandes pactos económicos, europeos y políticos. El sueño ibérico, el abrazo con Portugal, por ahora solo lo practican los empresarios que ven rentabilidad en suelo lusitano, en sus cultivos, bellotas y servicios. Todo ello, propiciado por los macro proyectos territoriales que impactan en la opinión pública, aunque se desvanezcan al pasar la página del periódico del día. Me refiero a los macro territorios, a los acuerdos interregionales, a los proyectos europeos. Siglas y cifras. Quienes sienten, viven y rentabilizan culturas hermanas son los habitantes de La Raya, de La Raia. En nuestro caso, arribeños de Salamanca y Zamora, y leoneses amigos de Bragança. El resto está muy lejos, culturalmente hablando, del significado y el lujo de contar esos beneficios culturales de un territorio común. Es tiempo de pisar La Raya y de hacer turismo por el Douro para empaparse de fado, bacalhau, porto y vinho verde. Sin duda, el último mensaje de paz en esta balsa de piedra a la deriva.

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