Diario de Valladolid

EDITORIAL

La Iglesia debe denunciar la pederastia, no taparla

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EL CASO DEL cura pederasta que se acaba de destapar en la Diócesis de Astorga viene a sumarse a una larga lista de acosos sexuales a menores perpetrados por curas.

Abusos que, desgraciadamente, reciben la misma respuesta por parte de laIglesia: la ocultación, cuando no el mirar para otro lado y hacer ver como que realmente no ha pasado nada. Lo que no ha sucedido en ninguno de los casos, y tampoco en el del abuso a dos menores del Seminario de La Bañeza, es que el primer paso, la primera denuncia parta de la propia Iglesia.

Una vez más ha tenido que ser una de las víctimas de los abusos, en este caso del cura José Manuel Ramos Gordón, quien de ese primer paso y, años después, cuente todo el sufrimiento que tuvo que pasar a manos de este sacerdote. Es así como surge ahora, 28 años después, este nuevo caso de abusos sexuales. Pero es obligado desvelar ya quién lo sabía en el Seminario, en el Obispado de Astorga y en la cúpula eclesial. Y, lo más importante, descubrir quién es el responsable que lo ha tapado durante años dentro de la propia Iglesia.

Se vuelve a lo mismo. Sólo pretenden ocultar este nuevo caso de acoso y abuso sexual continuado hacia dos menores y no acabar con ello. De nuevo son las investigaciones periodísticas las que destapan el caso y tirando del hilo van sacando a luz un nuevo escándalo de pederastia en la Iglesia, como ya sucediera por ejemplo en el llamativo caso de la diócesis de Boston.

Es hora ya de que la Iglesia reaccione y actúe. Es ella quien está obligada a denunciar porque sólo así, con la denuncia, se acabará con casos como el del Seminario leonés de La Bañeza. Como no se va a conseguir es tapándolo, mirando hacia otro lado y protegiendo al cura pederasta, como es este caso.

La reacción del Obispado de Astorga, apartando al sacerdote de su parroquia zamorana de Tábara e imponiéndole unos simples ejercicios espirituales, a la vez que le otorga casi una jubilación anticipada en otro Seminario, es la demostración más papable de que el Obispado no ha entendido nada y sigue creyendo que con esconder la cabeza como el avestruz se soluciona el grave problema que está sufriendo la Iglesia.

Son reacciones como las que se acaban de dar en el Obispado de Astorga las que vienen a enquistar, cuando no empeorar, el gravísimo problema de la pederastia en la Iglesia. Y el hecho de que éstos se produjeran hace muchos años, conviene no olvidar que los que se acaban de conocer son son ni del franquismo ni del tardofranquismo, sino de 1988 y 1989, no convierte en inocentes a los acosadores. Ese es el problema, que la Iglesia cree que el paso del tiempo y taparlos ayudarán a que se olviden los abusos. Con la pederastia sólo se acaba con la denuncia y la transparencia.

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