Diario de Valladolid

Creado:

Actualizado:

«¿QUÉ PUEDE llevar a una víctima de violencia de género a simular su propio secuestro para mantener en la cárcel a su expareja?». La sorpresa nos asaltaba a todos al conocer que la Guardia Civil detenía este miércoles a Vanesa por denuncia falsa contra Iván, al tiempo que los jueces decretaban la libertad del presunto agresor. Y digo del presunto porque tras la confesión y el registro de su domicilio todo está en el aire, incluso la veracidad de todas sus denuncias.

El odio machista genera odio. Y desesperación. No seré yo quien justifique la actuación de esta presunta víctima de violencia machista que perpetró un imaginario rapto con ingredientes clásicos de humillación. La pregunta que abría ayer la crónica de este periódico es una de las muchas que hay que hacerse siempre cuando fallan casi todos los mecanismos de protección de las víctimas y alguien decide tomarse la justicia por su mano.

Vanesa nos engañó a muchos, incluida a su abogada, pero el calado de esa mentira nunca sería mayor que la desesperación acumulada por el miedo y el sufrimiento si se confirman el resto de denuncias. Es prematuro convertir a la víctima en verdugo, porque aún desconocemos si hubo agresión y cuál fue su origen. ¿Quién no ha diseñado mecanismos de defensa cuestionables para protegerse de actuaciones violentas?

Esta mujer se equivocó y aún no sabemos si, como dijo ayer, lo hizo por odio y terror. Si todo ha sido un invento, Vanesa ha perjudicado y mucho la lucha contra la agresividad machista. Sólo ella conocerá algunos de los motivos de por qué compró en un bazar chino la cinta para saberse maniatada, el cuchillo para autolesionarse y el pegamento para acentuar la brutalidad de la escena.

Y digo algunos porque no siempre controlamos todas nuestras actuaciones o diseñamos las estrategias adecuadas para protegernos. Nunca sabremos si las lágrimas que vertía Vanesa eran fruto de su soledad, de la angustia o respondía a la teatralización exigida por otras razones aún inconfesadas.

Lo peor de todo sería que la creciente conciencia social contra esta violencia se frenara para dar una tregua a los que siempre encuentran motivos para justificar la desigualdad entre hombres y mujeres.

Cruel ha sido la táctica empleada por esta mujer para castigar a su expareja. Que nadie se quede en la superficie. Acabar con todos los brotes de violencia es el reto. Mientras esto llega hay quien pregunta en las redes sociales a las víctimas hasta dónde estarían dispuestas a llegar para que no les mate un hombre. 

tracking