Ensimismados en la derrota
EL PSOE acaba de saltar por los aires. Todo el mundo lo veía venir, menos alguno aquí en Castilla y León que seguía pensando que lo de Pedro Sánchez era un liderazgo fuerte, a prueba de las bombas lanzadas más allá de Despeñaperros.
Un Sánchez que se va como vino, dando lecciones de integridad moral y política que, eso sí, no se aplica. ¿Por qué sino se mantiene en su escaño del Congreso de los Diputados? Salvo que cuando toque la nueva investidura quiera hacerse notar demostrando que él no se abstiene ante Rajoy. Cuando no, montar un nuevo lío en el momento que la gestora reorganice el grupo. Es lo que tiene ser un político de moqueta y salón que, cuando toca abandonar, las suelas de sus zapatos no están preparadas para pisar la calle.
Estos socialistas siguen sin enterarse de nada. Continúan tan ensimismados en su ombligo, en sus cuitas personales y en sus líos internos que no es que no vean sus continuas debacles electorales, no, es que las festejan. Quién no recuerda a ese Luis Tudanca casi eufórico tras las municipales y autonómicas de 2015. Acababa de llevar al PSOE al peor resultado de su historia en la Comunidad y salió jubiloso la noche electoral porque el PP se había quedado a un procurador de la mayoría absoluta. Como si él y los suyos hubieran contribuido en algo a esa pérdida. Claro que, recientemente, se declaraba moderamente satisfecho tras otro descalabro: el de las generales del 26-J.
Va camino de batir todos los records negativos del socialismo castellano y leonés, oye, y tan campante. Como si esto no fuera con él.
Ese es el verdadero problema de Pedro Sánchez y de sus acólitos como Tudanca, que llevan años regodeándose y ensimismados en la derrota. Peor aún, se creen que van ganando y no se bajan de la burra de sus postulados. A Tudanca y a los suyos les da igual que en el bochornoso comité federal del sábado se evidenciara la división en la que, ahora sí, está sumido el Partido Socialista de Castilla yLeón. Ellos siguen a lo suyo. A exigir explicaciones y responsabilidades al resto, a los que antes le apoyaban y ahora no. Y, mientras, cero autocrítica, al más puro estilo de ese gran –ya saben por lo alto– Óscar López, a quien conviene no olvidar Tudanca y los suyos le regalaron un asiento en el Senado que no merece. ¿Por cierto, alguien recuerda al ínclito López defendiendo a Sánchez estos días?
Toma nota, Tudanca.