Retreta zamorana
LA ESTRATEGIA de retreta nombra una maniobra de repliegue con variante festiva y carnavalesca, que propicia la sátira y purga grupales. Es el género en que se inscribe la visita campesina del viernes a Benavente y Zamora de la baronesa andalusí Susana Díaz, que provocó el tumulto imaginable en las menguadas y retraídas filas socialistas mesetarias. Porque la heredera de los encausados Griñán y Chaves venía amagando con remontar la Vía de la Plata desde que Pedro Sánchez llegó a la secretaría socialista con el ensalmo de las primarias.
Se ve que no es buen viático para el partido socialista este de las primarias. Y no tanto por la limitación de su convocatoria a la militancia, como por el rechazo que sus resultados generan en el aparato del partido. Primero sordo y después estrambóticamente ruidoso. Exactamente ahí nos encontramos, con la vuelta al ruedo del patriarca González, descendido por un rato de su limbo económico en el Ibex. Alentando el barullo desde los figones del lujo con afirmaciones radicalmente contradictorias respecto a lo actuado cuando Borrell se convirtió en vencedor de las primarias socialistas frente a Almunia, candidato de González y del aparato. Entonces, nadie pudo suponer que Borrell iba a ganar holgadamente al secretario general.
Pero lo hizo por una horquilla notable, que dejó perplejos a los tutores del jesuítico Almunia. Seguramente, conviene recordar que Almunia no dimitió de su cargo en la Secretaría General por el revés y prosiguió con las asechanzas al catalán, hasta que una sórdida maniobra de la época consiguió quitarle de en medio a Borrell. Un comité federal extraordinario aupó otra vez a Almunia al frente de la candidatura socialista, para estrellarse en alianza con el payés Frutos. El deslizamiento de apoyos hacia la heredera de los encausados por el más sangrante de los escándalos de corrupción de nuestra democracia, sólo se puede entender teniendo en cuenta la desmedida temporada de vacaciones pagadas de todos ellos, junto a la acreditada tradición de falta de responsabilidad para asumir fracasos, tratando de endilgarlos al vecino.