Diario de Valladolid

Redacción de Valladolid

Justificar lo injustificable

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OS ECOS del positivo por alcoholemia de la ya ex vicepresidenta de la Junta y todavía procuradora, Rosa Valdeón, lejos de apagarse con el paso de los días siguen aún muy vivos. Algo a lo que ha contribuido, sin duda, la irrupción del comunicado de la defensa de la política zamorana, después de que el atestado de la Guardia Civil llegara a los juzgados de Arévalo y de Toro.

Un comunicado en el que, si todo es como en él se detalla, aún no se entiende por qué los agentes de la guardia civil pararon a la ex vicepresidenta y, es más, por qué dimitió. «Circulaba, hasta que fue parada, de forma normal y correcta»; «deambulación correcta con completa estabilidad» y, lo mejor, su «halitosis alcohólica (olor a alcohol)» era «inexistente». Vamos, que más pareciera una conductora modelo, de esas que se ponen de ejemplo, que alguien que casi triplicó la tasa de alcoholemia permitida.

Dicen que las cosas se pueden hacer bien, mal o regular. Y en este caso, que empezaron bien, la deriva de los últimos acontecimientos la encaminan hacia el regular, primero, y el mal, después. Bien está que Rosa Valdeón dé la cara para explicar todo lo sucedido y reconocer su «error». Y mucho mejor es que, tras asumir ese gravísimo error de conducir con una tasa de alcohol muy por encima de la permitida, dimitiera de todos sus cargos y lo hiciera apelando a esa coherencia que siempre ha defendido y exigido al resto de dirigentes políticos. Un bien en el que debe enmarcarse la defensa que el presidente Juan Vicente Herrera hace de su ya ex número dos en la Junta, porque ese grave error, que se enmarca dentro de su vida privada, no empaña lo que Valdeón es como política.

Regular, tirando a mal, es que Valdeón una semana después siga aferrándose a su cargo de procuradora y trate de salvar la cara renunciando a un aforamiento que sabe, y sino debería saberlo, le viene innato por su asiento en las Cortes y que sólo perderá si lo deja. Mal, sin paliativos, es que se desde su defensa se trate de dibujar otra realidad distinta a la que la propia Rosa Valdeón relató en su comparecencia. Y mucho peor es que se amenace, ahora, con una especie de caza de brujas para saber quien filtró el atestado. Si tan claro es todo, lo tienen fácil: que hagan público ese atestado.

Prefería a la Rosa Valdeón que dio la cara y asumió su error y no a la que, ahora, por boca de su abogado, parece querer justificar lo injustificable. Una pena.

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