Trueques cuarteleros
A PUNTO de enfilar agosto, de nuevo suena la propuesta municipal de dar un uso civil al palacio real de Valladolid, situado en la plaza de San Pablo, y la inmediata negativa militar al canje. Parece que incluso la propuesta conllevaba la opción de conceder un mayor uso residencial indebido en la parcela de la Academia de Caballería, situada entre Doctrinos, San Ildefonso, María de Molina y Paseo de Zorrilla.
Como parece obvio que los nones militares han sido pronunciados por quien no está facultado reglamentariamente para ese negocio, urge situar el debate en la órbita correcta y de paso ir adecentando el legado de otros trueques, que en algún caso ofrecen un aspecto tan lamentable y degradado como las abandonadas instalaciones de los cuarteles Farnesio y Monasterio, en el paseo Arco de Ladrillo del barrio de las Delicias. A la vista del resultado, es innecesario señalar que nada se hizo por parte de los nuevos propietarios, y tampoco se exigió desde el ayuntamiento.
En lo que se refiere al palacio real herreriano, toca simplemente plantear el canje a quien corresponde, que en ningún caso puede ser la menguada autoridad militar de una subinspección del ejército de Tierra. Porque efectivamente parece una broma demasiado pesada y difícil de soportar que décadas después de haber sido amortizada la capitanía general de Valladolid, siga el palacio real con devaluado uso castrense, mientras buscan alojamiento por esa zona los servicios judiciales, siempre a expensas del capricho, tiras y aflojas de partidos rivales.
Sin ánimo de poner la venda antes de que se produzca la herida, lo que en ningún caso puede volver a ocurrir es la situación de abandono degradado que presentan desde hace años las instalaciones militares del Arco de Ladrillo, cuyo cuidado después de la subasta quedó al albur financiero de sus nuevos propietarios. O sea, expuestos a las razzias de chatarreros e indigentes, mientras el ayuntamiento se preocupaba de mirar para otro lado.