Cita en Wamba
ESTA TARDE, a las 19.30 horas, se inicia en la iglesia de Santa María de Wamba el despliegue de la tercera edición de Maravillas sonoras, un ciclo musical organizado por la Diputación, que tendrá continuidad en agosto y septiembre, en la ermita de Tiedra Vieja, donde un concierto de Daniel Oyarzábal hará sonar el órgano recién restaurado, y en la giralda de la Magdalena de Matapozuelos, para presentar el rescatado esplendor de su magnífico retablo mayor con la música tradicional de Eliseo Parra.
Un ciclo que se suma al inminente dedicado a poner música en los castillos, que este año alcanza las quince ediciones. Su estreno esta tarde en Wamba se hace con el espectáculo musical de Paco Díez que combina sintonías de la España de las tres culturas: cristiana, judía y árabe. Un viaje de los sentidos que mezcla ritmos y sonoridades de procedencias diversas, aunque todas ellas engarzadas en nuestro imaginario colectivo. Con el privilegio que supone su disfrute en un recinto mestizo y excelso, como la iglesia de Santa María de Wamba.
Los vestigios mozárabes que perviven junto al cascarón románico de Wamba son los más arcaizantes que se conservan de aquel estilo. Y quedan muy lejos de la elegante gracilidad que muestra el templo vecino de San Cebrián de Mazote. Su traza más bien remite al precedente de San Juan de Baños. Sin embargo, apenas nada se ha encontrado del primitivo cenobio visigodo. Sólo dos tenantes de altar y un capitel que se usa como pila del agua bendita.
La estancia en Wamba no puede prescindir de la visita a la capilla del osario, que se ha convertido en uno de sus reclamos más buscados. Se trata de una composición fúnebre en la que resaltan, entre rótulas y canillas, unas cuantas calaveras huecas. Se accede a ella desde el patio del antiguo cenobio. Un sepulcro roto fue identificado sin fundamento durante un tiempo con el del rey Recesvinto, que ahora descansa en Toledo. En cambio, se esfumó el rastro de los sepulcros de mármol vendidos en 1858 a la casa de baños de Valladolid.