Identidad y continuidad
DEJO a otros la tarea de dirimir si manifestaciones como las de la Semana Santa serán compatibles en el futuro con un mundo determinado por la aceleración imparable de las transformaciones tecnológicas. Si la devoción sobrevivirá a la fibra óptica. Pero quiero llamar la atención sobre dos aspectos que se suele ligar a la denominada ‘religiosidad popular’ cuando su correspondencia resulta por lo menos discutible.
Es así frecuente que se hable de cómo las procesiones que atruenan cada año con sus tambores las calles de tantas ciudades y villas de Castilla y León constituyen la directa expresión de su identidad. Y, si bien no cabe duda de que existe una relación entre identidades y ritual, también sucede que la propia identidad se forja sobre unas devociones y prácticas que sólo tangencialmente tienen que ver con hechos o creencias religiosas. Se venera y adora a ‘imágenes’ –mucho más que a lo que dice la Iglesia que representan– y se visten hábitos o desarrollan actividades rituales por tradición familiar y colectiva, que de la misma manera podía haber llevado a los individuos a hacer cosas absolutamente alejadas de la religión y del catolicismo.
El otro aspecto que debe destacarse es la inexactitud que en muchos casos comporta la conexión de estas expresiones, entendidas como religiosas, no sólo con la identidad sino también con una continuidad ininterrumpida de las unas y la otra en el tiempo; como si todas ellas se hubieran mantenido continuadamente inalterables desde ‘época inmemorial’. Y las llamadas ‘tradiciones’ o mejor ‘expresiones populares’ no actúan única e inexorablemente de ese modo. Hay ‘tradiciones’ que –durante un tiempo o para siempre– dejan de estar vigentes, otras que se fosilizan o remedan convirtiéndose en asunto muy distinto de lo que fueron; y algunas que se «reinventan» al cabo de los años y de los siglos, como ha ocurrido con más de una Semana Santa y tantos ritos o costumbres devocionales, que aunque se sigan haciendo hoy son mantenidos por motivos muy diferentes a los que constituyeron su razón de ser en el pasado.