Travesía del horizonte
El frenesí del frío fue desalojando el escenario de pasmarotes y advenedizos, pero hay residuos que se resisten a dar el paso y cruzar el horizonte hacia el olvido. Aunque tampoco cabe deducir con prisa. A menudo, los movimientos se quedan en amago y las retiradas en huida. Lo único claro, a estas alturas, es el fin de nuestras minas y no porque se acabara el carbón ni su consumo, sino a causa de un desdén tenaz traducido en asfixia. Mi pueblo está cerca de La Robla, al otro lado de la collada de Olleros de Alba, y desde las eras seguimos viendo el humo de la chimenea de la térmica; más sucio ahora, desde que quema carbón importado por el Musel de Gijón.
De hecho, los filósofos de mi entorno tienen detectado su incremento contaminante desde que el ministro canario recaló en Industria con el propósito de echar el cierre a las minas de carbón. Y todavía el artista se preguntaba el lunes de carnaval en el periódico si estamos a tiempo. Después de haber engañado durante años a sindicatos y empresarios mineros con unos acuerdos que siempre incumplió, expresaba sus dudas sobre la valía de Pedro Sánchez para facilitar el pacto PP, PSOE y C’S que evitara un badén ochomesino hasta la llegada del nuevo gobierno.
Tan crecidito. Ocultando con argucias diversas y tramposas que nunca remitió a Bruselas la orden ministerial que tenía que haber entrado en vigor el 1 de enero de 2015, reservando el 7,5% de la generación eléctrica nacional al carbón autóctono, con incentivos a las eléctricas para que acometieran las mejores medioambientales exigidas por Europa en sus térmicas. Pero el ministro indolente no movió un papel, aunque tanto sindicatos y Carbunión, como la Junta aportaron argumentos sólidos y convincentes para garantizar la compra y consumo del carbón nacional. Al final para nada, porque como detectan mis paisanos en la era, los tufos de La Robla salen cada vez más sucios. Pero puestos a sortear el horizonte, tampoco conviene empecinarse con el ministro, cuya despedida no puede tardar. En Madrid, siguen los amagos y requiebros para poner en suerte el acuerdo. También huidas, como la de Esperanza del PP, quizá invitando a que Rajoy la siga.