Fundador del realismo mágico
HACE UN par de años, el francés Christian Duverger agitó el debate sobre la autoría de la crónica de Indias firmada por Bernal Díaz del Castillo, que atribuyó al propio Hernán Cortés. La mayoría de especialistas en la literatura de la conquista no concede crédito a esta teoría, pero la polémica ha servido para llamar la atención sobre un texto excepcional, que Carlos Fuentes situó en el origen de la novela latinoamericana. También el académico Félix de Azúa considera el relato de la conquista de México de Bernal como «obra maestra capaz de competir con las de Cervantes en grandeza narrativa».
La pena es que siendo creación de un paisano, no figure entre nuestras preferencias. Quizá por el menoscabo que rodea la proeza de la conquista. Bernal nació en Medina del Campo y a los 19 años ya estaba en la aventura americana, viajando sucesivamente a Centroamérica, llamada entonces Castilla del Oro, y desde Cuba a Yucatán y Tabasco. Tres años en Cuba, le dieron impulso para incorporarse a la expedición de Cortés a México. Más tarde, retirado en Guatemala, conoce la Historia General de las Indias y conquista de México, escrita por el capellán de Cortés, quien, sin haber estado en México, hace una descripción de la conquista focalizada en la figura de Cortés, al que idealiza y atribuye todo el mérito.
Molesto por esta interpretación, Bernal Díaz del Castillo escribe Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, extenso relato épico que resalta el papel de los soldados españoles, a la vez que reconoce con respeto la heroicidad de los indígenas. Una crónica sumamente amena, que cuenta, desde la ponderación que concede la madurez, el esfuerzo colectivo que respaldó la epopeya de Cortés. Su protagonista no es el héroe deslumbrante, sino cuantos participaron en aquella gesta. Bernal distingue siempre lo vivido de lo que le contaron y nos muestra un friso humano irrepetible. Es la obra literaria más importante publicada sobre la conquista de América, pero también la más amena, rica y entretenida.