Diario de Valladolid

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PASO LA mayor parte del año en un lugar lleno de pájaros: la casa en que vivo donde el río Cega hace regato y las tormentas suelen dar la vuelta hacia Valladolid. Al principio, no les prestaba demasiada atención. Como la mayoría de la gente, debía yo de pensar que los pájaros son pájaros, esos seres alados que -sorprendentemente y desafiando la ley de la gravedad- vuelan. Todos habrían de resultarme parecidos -si no iguales-, hasta que empezaron a presentarse a mí, uno tras otro, como personajes de «La flauta mágica de Mozart».

Los primeros que empezaron a cantarme, como con intención de mantener una conversación conmigo, fueron los mirlos. En concreto uno de ellos, que suscitaba mis silbidos y los contestaba siempre añadiendo alguna frase más (tal si pretendiera quedar un poco por encima). Las palomas torcaces llevan toda su vida ya prácticamente con nosotros, en su nido de un árbol próximo a la casa. A diferencia de las molestas palomas urbanas no lo ponen todo pingando de mierda, son limpias y corteses, al punto de salir a saludar cada vez que llegamos a la puerta. Las que sí son molestas y sucias, a pesar de su buena fama literaria, son las golondrinas: llenan de nidos todas las terrazas de la casa y se comportan -a veces- de manera bastante agresiva, tanto con los pobres petirrojos, a los que se esfuerzan en expulsar de sus guaridas, como con nosotros mismos si interpretan que invadimos lo que consideran su territorio. Los petirrojos, sin embargo, que anidan en bajos matorrales, e incluso en setos, llegan a «hacerse» a los humanos -según bien dicen en mi pueblo- y te siguen dando saltitos por todas partes como una mascota.

Pero la que veo, cada año más que pasa, como «mi cómplice y amiga» es la garza real. Ha envejecido con nosotros, vive sólo a unos cuantos metros, río arriba, y este verano -para hacerse claramente presente- quedó suspendida en el aire sobre nuestras cabezas, como diciendo «aquí sigo», «aquí estoy», «hemos sobrevivido otro año, familia». Y, sí, tú en el cielo, nosotros en la tierra, vivimos. Continuamos.

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