Lecciones de orfandad
MIGUEL VELAYOS es un poeta que no resigna a la quietud de la tinta la ebullición de sus versos. Al contrario, los ofrece ilustrados por trazos cómplices o realza su cadencia, convirtiendo sus tensiones en espectáculo teatral. La poesía de Miguel Velayos destila autenticidad y entronca con una trayectoria literaria en la que el destino de los proscritos es siempre protagonista. Sin concesiones. Como proclaman sus versos, «nuestra historia es así, una mezcla confusa de miedo / y orfandad, de atávica pobreza que nadie se ha atrevido / a derogar, como si fuese un signo irrevocable, / una marca perfecta para ser español».
Una tesitura hiriente con la que no caben disimulos. Su recuento de pérdidas le abre la puerta al secreto tesoro de la memoria que destilan los versos. A veces envueltos de melancolía, siempre comprometidos y a menudo arropados con la venda protectora de la reflexión. Recuerdo que descubrí a Miguel Velayos en su novela ‘Hacia el Sur de las aguas peligrosas’ (2002), que aborda el drama del Estrecho en un relato donde conviven la evocación de su universo originario de Gredos, los sucesos hirientes de aquella encrucijada atroz y una historia de amor deslumbrante. Javier Barea, el protagonista de la novela, lleva en sus pupilas el rastro luminoso de su ciudad amurallada y el imán de Gredos.
Los títulos sucesivos tejen con versos de radicalidad encendida un tapiz de pasiones y arrepentimientos, del que emerge el impacto brutal de los atentados de marzo en Madrid, rodeado de matices cotidianos. Su libro anterior, ‘Política sesions’ (2013) supuso la conquista de un logro nada frecuente: una poesía comprometida que en ningún momento pierde la exigencia estética ni incurre en recursos bastardos. ‘Lecciones de orfandad’ (2015) da vuelo a la conciencia personal y colectiva de desamparo presente en su libro anterior. Aquellos atisbos adquieren ahora la envergadura de lo irremediable. Pero jamás se impone el desgarro del crimen a la evocación del cincel y las canteras.