Diario de Valladolid

El pueblo de Valladolid donde hacen un dulce con más de 165 años de historia y producen casi 10 toneladas al año

Las Marinas de Medina de Rioseco llevan elaborándose desde 1858 en Valladolid y siguen siendo uno de los dulces más conocidos de Castilla y León por su receta familiar, su hojaldre crujiente y una tradición que resiste al tiempo

Las Marinas de Medina de Rioseco se elaboran desde 1858 con hojaldre crujiente, crema y una receta que sigue guardándose en secreto.

Las Marinas de Medina de Rioseco se elaboran desde 1858 con hojaldre crujiente, crema y una receta que sigue guardándose en secreto.@asadormuseosiboney

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Medina de Rioseco tiene muchos motivos para visitarse: su Canal de Castilla, su patrimonio monumental y ese aire pausado de las villas castellanas que parecen conservar intacto el tiempo. Pero si preguntas a quienes han hecho kilómetros solo para volver con una caja entre las manos, la respuesta suele ser otra. Hay un dulce en esta localidad vallisoletana que despierta auténtica devoción y cuyo misterio forma parte de su encanto. Se llama Marina (en plural, Marinas) y lleva más de 165 años convirtiendo a este rincón de Valladolid en un pequeño paraíso para golosos.

Las Marinas de Medina de Rioseco, el dulce tradicional que nació en 1858

Hablar de las Marinas de Medina de Rioseco es hablar de una tradición repostera que se ha conservado como oro en paño. Según recoge la Guía Repsol, este pastel rectangular de hojaldre y crema se elabora en la localidad desde el siglo XIX y recibe su nombre en honor al pastelero que lo creó, León Marina, a quien se atribuye la creación de este dulce y cuya elaboración ha permanecido ligada a un secretismo familiar durante generaciones.

La historia arranca en 1858, cuando este obrador familiar comenzó a elaborar unos dulces que hoy forman parte del patrimonio gastronómico de Valladolid. Lo singular es que, más de siglo y medio después, apenas ha cambiado nada. La receta continúa siendo un secreto de familia y las Marinas siguen elaborándose de forma artesanal.

Quien las prueba entiende rápido por qué han sobrevivido intactas al paso del tiempo. Se trata de un hojaldre finísimo y especialmente crujiente, de forma rectangular, relleno de crema suave y cubierto con azúcar glas. El contraste de texturas es precisamente uno de sus grandes reclamos: un exterior quebradizo frente a un interior delicado y untuoso.

Las Marinas también son conocidas como Pasteles de Marina y su fama trasciende desde hace décadas las fronteras de Castilla y León, pese a que apenas han cambiado sus sistemas de producción.

El secreto de las Marinas de Medina de Rioseco: solo se venden en un sitio

Hay algo que multiplica todavía más el mito alrededor de este dulce típico de Medina de Rioseco. La Pastelería Marina, el negocio familiar donde nacieron, continúa siendo el único establecimiento donde se elaboran y venden.

Lejos de convertirse en un producto industrializado o expandirse a otros mercados, la familia ha mantenido un férreo control sobre la producción. Según datos recogidos por Guía Repsol y Guía Paladar y Tomar, apenas tres reposteros mantienen viva esta tradición y producen cerca de diez toneladas anuales de Marinas, siempre de manera artesanal y vendidas al peso.

La exclusividad ha alimentado además un cierto halo romántico. Son muchos los visitantes que llegan expresamente a Medina de Rioseco con un único objetivo: conseguir una bandeja antes de que se agoten. Y no siempre resulta sencillo.

La alta demanda y su producción limitada han contribuido a alimentar la leyenda alrededor de este dulce, por el que muchos visitantes se desplazan expresamente a Medina de Rioseco.

Las Marinas no son solo un postre. En Medina de Rioseco forman parte de una costumbre cotidiana ligada al café, a las celebraciones familiares o al gesto de regresar a casa con una caja para compartir.

Eso sí, hay un detalle importante: su vida útil es corta. Al llevar crema, se recomienda consumirlas rápidamente (idealmente el mismo día) para disfrutar de toda su textura y sabor. Esa fugacidad, lejos de ser un inconveniente, refuerza todavía más su carácter artesanal.

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