AGRICULTURA
«En cinco años no quedará ningún agricultor en mi pueblo»
El nuevo presidente de Coag en Burgos, Rafael Fontaneda, lamenta la falta de relevo en el campo

Rafael Fontaneda acaba de asumir las riendas de Coag Burgos sin perder de vista su explotación.
Rafael Fontaneda Andrés es el nuevo presidente de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (Coag) en Burgos. Conoce bien la realidad del campo. Comenzó a los 20 años, recién terminada la mili, con una explotación ganadera y agraria que, a día de hoy, mantiene a los 65. «Si no hay una reestructuración real e inmediata, el sector está condenado porque no hay relevo generacional», urge.
Su pueblo, Villena, es un ejemplo claro. «Hace diez años éramos 12 agricultores. Hoy quedamos cinco y, en cinco años, no quedaremos ninguno», advierte. Lo ve también en casa. «Ninguno de mis hijos se ha dedicado a esto y yo tampoco se lo recomiendo. Ellos me lo dicen: ‘Papá, solo te hemos visto trabajar’, y ahora los jóvenes quieren trabajar y vivir», señala. Rafael compagina el cuidado de 100 vacas para vacuno con el cebo de terneros, con 300 hectáreas de cereal, alfalfa, forrajes, un poco de patatas y pastos. «El ganado está en extensivo. Hasta ahora funcionaba con cercado de alambre, pero acabo de recibir el pedido de collares para el cercado virtual y, en cuanto esté un poco tranquilo, daré el paso», sostiene, a sabiendas de que, aunque son caros, «funcionan bien». «Como es lógico, habrá que estar los primeros 10-15 días muy atento hasta que los animales aprendan», sostiene.
Para cubrir parte de la alimentación de la cabaña aprovecha la cosecha propia de forrajes. «El resto lo comercializo, pero este año la climatología nos ha jugado una mala pasada. A principios de mayo nos cayó una granizada tremenda, casi 60 litros de granizo. En cereal, como le pilló en una etapa temprana, no afectó demasiado, pero en la superficie de forraje arrasó. Vino el seguro y tuve peritajes del 75% al 100%», asegura.
La alfalfa corrió más suerte. «Al ser varios cortes, si llueve conseguiremos prolongar la cosecha», señala, con la mirada puesta también en el cereal. «Salvo las parcelas afectadas por el núcleo de la tormenta, va bien», celebra. Aunque lo cierto es que su zona no es fácil. «Las fincas agrarias son pequeñas, hay montaña y hay que diversificar mucho. Además, en ganadería tenemos un problema muy serio con la fauna salvaje», advierte.
El lobo no hace prisioneros. «Una perdiz o una codorniz no causan problemas porque comen lo que necesitan, pero no estropean. Sin embargo, los buitres y los lobos nos traen de cabeza. El lobo mata por costumbre. Este año me estoy librando, pero hubo un año en el que me mató a 14 terneros», explica, consciente de que, al estar en extensivo, si el cadáver no aparece, no hay seguro que lo cubra ni indemnización. «De los 14, la administración me pagó dos, y después de tres años de reclamaciones», lamenta, indignado porque, en una explotación pequeña, «te hace polvo».
Mención especial merecen los buitres. «Antes eran carroñeros, pero, desde que se obligó a la retirada de cadáveres de animales por las vacas locas, lo estamos viendo. Atacan animales vivos, vacas que están pariendo. Eso es algo que estamos sufriendo y aunque lo veas, cuando te pasa, no te puedes bajar del coche porque son 200 buitres y no sabes cómo van a reaccionar», denuncia.
SOLUCIONES
La pregunta es obvia, ¿qué soluciones hay a los grandes problemas del campo? «Es muy complicado. Es muy sacrificado y estamos en un momento en el que la gente no quiere trabajar, o al menos no de esta forma. La climatología además no ayuda. Sequías, granizo... Cada año es una aventura», subraya.
Aunque el Gobierno ha ideado una regularización extraordinaria de inmigrantes, Rafael tiene claro que el campo no será una opción para muchos. «Aquí, cuando llueve una semana, no puedes hacer nada, pero luego trabajamos 20 horas; no queda otra. Y, además, no todo el mundo sirve para el campo. Necesitamos trabajadores cualificados», afirma.
INSUMOS
En su opinión, el futuro solo llegará si el sector es sostenible y rentable. «Estamos con precios de hace 40 años. El trigo, la patata... Es verdad que entonces no había PAC, pero tampoco tenían los insumos disparados como ahora; es una locura. Los fertilizantes, herbicidas, fungicidas, insecticidas, el gasóleo... Y, por no hablar de la maquinaria, porque hoy un tractor vale veinte veces más que hace 40 años, y de las reparaciones. Es un disparate», lamenta.
Con este panorama, los agricultores tienen que hacer muy bien las cuentas. «Al final, la tendencia es ir a los cultivos que menos gastos conlleven, como superficies forrajeras, que requieren muy pocos fertilizantes, alfalfas, forrajes y girasol, en detrimento del cereal, que este año ha reducido un 30% la siembra porque no se pueden asumir tantos gastos», analiza.
Aunque el girasol es uno de los cultivos que permite un cierto ahorro, en la zona de Villena se ha topado con la climatología. «Ha tenido un problema de nascencia porque llovió mucho en mayo, pero luego no ha vuelto a llover y está todo muy irregular», detalla.
A la hora de exigir mejoras para los agricultores y ganaderos, el presidente de Coag hace un llamamiento a la Junta de Castilla y León para que reduzca y simplifique la burocracia. «Para los mayores es un verdadero problema porque, sencillamente, no sabemos y nos quita un tiempo que no tenemos», concluye.