Diario de Valladolid

ANÁLISIS

La «responsabilidad» de lo ecológico

Alejandro López, Urbano González, Luis Javier Calderón y Raúl de las Heras son cuatro de los 870 operadores de la región

Un tractor haciendo las labores en la explotación ecológica ubicada en el municipio palentino de Villallano.-E.M.

Un tractor haciendo las labores en la explotación ecológica ubicada en el municipio palentino de Villallano.-E.M.

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Elsa Ortiz

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El cambio climático llama a la puerta. El ritmo de sus toques sigue un compás in crescendo tanto en los tiempos como en intensidad. Agarrando el pomo, con la posibilidad de frenar o dilatar su entrada que ya se antoja inevitable, se encuentra la producción ecológica. En sus manos reposa, como aseveran quienes la llevan a la práctica, una «responsabilidad» de cara al futuro. «No podemos hipotecar el de nuestros hijos por la manera que tenemos de producir», sentencia el presidente del Consejo de Agricultura Ecológica de Castilla y León (Caecyl).

Juan Senovilla celebra, pero con cautela, el avance en el terreno de lo ecológico hasta los 870 operadores y las casi 50.587 hectáreas con las que se saldó el pasado año, según los últimos datos publicados por el Ministerio del ramo. La valoración positiva, más allá de la superficie –que solo supone un 2,25% del total y pierde peso si se compara con la del resto de comunidades–, mira a que la práctica ha calado «en todas las provincias y sectores». Lo que permite a la región, traduce, «posicionarse para poder potenciar, promocionar, formar e informar».

Andalucía está a la cabeza con más de un millón de hectáreas que supone un 45,6% de su superficie, al abrigo de una dirección general específica y su ya tercer plan estratégico. Desde el organismo de control autonómico insisten en la necesidad de «hacer un mayor énfasis» en el puesto en marcha en Castilla y León, donde lo que realmente urge es «un buen programa de formación y una apuesta más decidida por la investigación».

Para Senovilla, la relación entre la ecología y el cambio climático tiene una doble cara. «La Comunidad presumía de muy buenas condiciones para la agricultura ecológica por sus circunstancias medioambientales», contextualiza antes de ejemplificar que «la contaminación de los suelos, derivada de una práctica anterior, pesa en una reconversión pudiéndose alargarse los plazos o incluso quedar desestimada». En cambio, al dar la vuelta a la moneda, «hay estudios que refrendan que esta práctica es positiva para contrarrestar» sus efectos con «un menor uso de recursos, el aumento de la fertilidad del suelo o el rechazo a productos de síntesis como herbicidas».

El año nuevo ya está a la vuelta de la esquina y el presidente de Caecyl confía en que 2020 selle la toma de conciencia de todas las partes: consumidores, productores y administraciones. Por su parte, el organismo que preside continuará reforzando su razón de ser que pasa por «reducir los desmanes de la producción agroquímica», con el deseo de poder sumar otras 50.000 hectáreas ecológicas más para «echar el freno antes de que lo haga el mundo por sí mismo».

GANADERÍA

En el futuro sus descendientes pensaba Alejandro López cuando dio un giro de 180 grados a una vida dedicada a la informática, las comunicaciones, la imagen y el sonido. La paternidad le hizo clic y, con la «inquietud por la calidad de los alimentos» que le despertó el nacimiento de su primera hija como aliciente, se empezó a preparar como técnico en Producción Agroecológica. A sus preocupaciones sumó su pasión por la carne y el resultado es Oxen Durii. El latín y el inglés se funden en estas dos palabras que en su momento dieron nombre al trabajo de una asignatura del ciclo de formación y ahora se lo otorgan a una realidad en ciernes, la de una granja de producción de bueyes ecológicos en la localidad de Sobradillo de Palomares, perteneciente al municipio de Pereruela. De momento, cuenta con 10 madres y 23 animales para engorde; siendo todas las integrantes razas autóctonas zamoranas, como la alistano-sanabresa, que están «adaptadas al medio» y tienen, por ende, «una mejor conversión al pasto».

López lleva la L de ganadero novel. «Soy totalmente novato y mi explotación empieza de cero como ecológica», confiesa antes de aseverar que tiene los cimientos en una «alimentación natural con forraje» que rechaza esa corriente que cala en el vacuno «a base de maíz y soja, que produce una serie de cambios gástricos en los rumiantes».

Este joven está dando sus «primeros pasos» como productor ecológico por lo que aún no dispone de sello. Está en proceso. Explica que los tiempos difieren en función del objetivo, oscilando entre los seis meses que requieren los animales y los tres años que demanda un cultivo perenne. «Cuando haces la certificación conjunta, de ganado y pastos, siempre te vas a la más larga», apunta para añadir un pero, en este caso positivo: un análisis de suelos que demuestre que las parcelas «no han sido tratadas y están limpias» puede resolver todo en medio año.

Contar con este distintivo supone el cumplimiento de ciertas «normas marcadas desde la Unión Europea» como una alimentación de la cabaña con «forrajes ecológicos, es decir, que no tenga ningún tratamiento fitosanitario o abono químico». Otra diferencia fundamental con la ganadería convencional está en los tratamientos, como el que hace frente a la parasitoris, que han de ser preventivos. Como toda regla, esta también tiene su excepción y permite los antibióticos en caso de que el animal caiga enfermo. «La normativa ecológica duplica el tiempo que debe estar apartado de la cadena de producción», apostilla.

Aunque esté arrancando motores, López es un ejemplo de la apuesta ganadera por lo ecológico que casi se ha duplicado en el último lustro saltando de 56 explotaciones en 2014 a las 107 registradas el año pasado. La concienciación está detrás de este cambio radical de rumbo y el protagonista del mismo asegura que es algo más frecuente de lo que a priori puede considerarse. Al terminar sus estudios de Producción agroecológica y atraído por «ideas un poco más revolucionarias», recuerda, empezó a sumergirse en una corriente «regenerativa». Las personas con las que se topó en esta vorágine de cursos y congresos venían «de vuelta de la ciudad siendo abogados, economistas o especialistas en nuevas tecnologías que rehacen su vida en pequeñas granjas con movimientos que siguen el patrón ecológico, aunque muchas veces no cuenten con el certificado».

En su campo concreto, el del vacuno de carne, la producción ecológica ya supera las 110 toneladas. Detrás de la misma se encuentra un consumidor que «quiere y no puede». Este zamorano puntualiza que España destina una «proporción muy alta» de lo que produce a la exportación a países como Alemania u Holanda, pero de puertas para adentro la economía continúa «frenando el consumo que conlleva un valor superior al resto del mercado». La ventaja de la exportación, matiza, no lo es tanto para el pequeño productor que tiene que «centrarse en el comercio de cercanía». Aboga, por ello, por «ramas de distribución que le ayuden a salir fuera».

Apenas ha dado los primeros pasos de esta aventura pero, como no deja de formarse en el campo, ya ha detectado patas que cojean siendo la legislación la primera. «Están apareciendo nuevas formas de ver la ganadería ecológica que muchas veces no encajan en las normas porque van más allá», asegura antes de instar a «hacer una revisión de toda la normativa». Pero lo que realmente alerta este joven es la «desinformación» que planea sobre el impacto medioambiental. «Es cierto que cuando una vaca se alimenta de pastos, su digestión produce más metano que con una dieta a base de cereales», reconoce para terminar equilibrando la balanza: «la superficie de praderas que se crea para dar de comer a este animal secuestra mucho más carbono del que produce».

APICULTURA

El despunte de la ganadería ecológica lo lidera la apicultura con más de una treintena de explotaciones con unas colmenas que se han multiplicado por ocho hasta superar las 22.800, repitiendo operación con la producción que ronda las 436 toneladas de miel. Más de medio millar de las mismas se encuentran en Sueros de Cepeda, bajo el nombre de Urzapa, una empresa y consultora apícola que tiene a Urbano González al mando. Su andanza como apicultor arrancó en 1997 y, tras dos años de «formación en general», inició la conversión. Recuerda aquel proceso «con mucho cariño, trabajo y convencimiento»; en ningún caso, asegura, «como algo farragoso, sino como un trámite burocrático acompasado por una adaptación a la normativa».

En esta fase de adecuación, el también presidente de la Asociación Española de Apicultores (AEA) encuentra «tres grandes caballos de batalla». El primero, enumera, es la ubicación. «Solo pueden colocarse colmenares en aquellos lugares en los que a tres kilómetros alrededor no haya ningún posible contaminante como industrias, carreteras o agricultura convencional», aclara para descartar, en segundo lugar, la alimentación salvo en «un año muy complicado» en el que sea cuestión de supervivencia y se utilice miel o polen ecológicos. El último punto, el de la medicación, fue el que mayor traba ocasionó a González puesto que, cuando empezó no existía ningún antibiótico y tuvo que tirar de tratamientos caseros. La luz empezó a verse en 2007 y hoy en día existen «cuatro o cinco productos autorizados por el reglamento que no dejan residuos al ser ácidos orgánicos».

Con dos décadas a sus espaldas, González advierte alguna modificación en las reglas a instancia de «las consideraciones de los propios apicultores», entre lo que se incluye. Como ejemplo pone la posibilidad del «acceso por partes» a la producción ecológica. Hace 20 años, compara, había que «convertir toda la explotación de golpe». Junto a esta flexibilidad, destaca el «cambio brutal» que supone contar con diferentes tratamientos.

Urzapa cuenta en la actualidad con 173 socios por toda la geografía nacional y una quincena de los mismos presumen de certificación ecológica. «Más del 70% de los restantes hacen un manejo totalmente responsable con el medio ambiente», garantiza. González entiende, «sin ser experto en cambio climático», que los vaivenes del clima ya han dejado su huella en productores y consumidores «cada vez más concienciados». En el caso concreto de los primeros con la miel ecológica, su práctica se caracterizada por «la ausencia de residuos y de agresión con el medio». Por ello, invita a todos los apicultores «al menos a conocer este manejo, que va a incidir en que sus productos sean mejores y más respetuosos con el ecosistema». Y para que esta formación cale como apuesta, el presidente de la AEA aboga por «ayudas claras y concretas» para la producción ecológica que marquen la diferencia con la convencional».

AGRICULTURA

Precisamente este respaldo económico es lo que Luis Javier Calderón echó en falta en su salto a lo ecológico en 2013. «Ya me lo advirtieron: no hay ayudas», recuerda este palentino, quien considera que un cultivo no puede supeditarse a este factor pero lamenta que el apoyo a la producción ecológica sea «solo de boquilla».

De familia de agricultores, Calderón tomo las riendas de la explotación en el 2007. Fue entonces cuando se topó con una inquietud, azuzada por las investigaciones en las que buceaba la empresa en la que trabajaba: «¿por qué en Castilla y León no se hacían siembras ecológicas de patatas?». Para encontrar respuesta a esta pregunta, empezó con los trámites burocráticos pertinentes y hoy es uno de los 870 operadores regionales.

¿Qué diferencia hay entre la agricultura que heredó de su padre y la que él procesa? «Más atención diaria, más profesionalización y más mitos», concreta para descartar «una menor producción que sale de echar semillas de cualquier manera». Asegura, de hecho, que la agricultura ecológica es «todo lo contrario al exigir mucho más cuidado y control en todas sus fases» desde la siembra hasta la cosecha, pasando por el mantenimiento del cultivo y los «atajos preventivos» de las plagas. Suma el mito que acompaña a unos «precios muy caros» para concretar que, además de ser «mucho más estables y sin regateos» en el mercado, van en consonancia con «unos mayores gastos», especialmente los que acarrean las semillas de calidad.

Calderón tiene una explotación «muy pequeñita», de 40 hectáreas, en la localidad de Villallano. Lleva seis años como agricultor ecológico, pero más de dos décadas ligado «profesionalmente al campo agronómico». Asiste en primera fila al «claro retroceso» del cultivo convencional «tanto a nivel nacional como autonómico». En el otro lado de la balanza, el que sube, ubica la producción ecológica que, sin ser una cuestión «de modas», es la que «mejor preparada está para combatir» el cambio climático que llama incesante a la puerta.

Reconoce, en cambio, que aún hay cierta reticencia en la Comunidad, al menos en lo que a los tubérculos se refiere, uno de los cultivos sobre los que más pesa la tradición en esta tierra. «Castilla y León es la zona con más hectáreas de patatas y, sin embargo, donde menos clientes tenemos para proveer de semilla ecológica», compara este socio de la cooperativa burgalesa Seyco, cuya producción rondará este año las 200 toneladas.

Una evolución importante distingue este agricultor ecológico de cuando se lanzó a este mundo a ahora, que ya ha hecho una buena carrera: la de la formación. Desde sus inicios no ha dejado de asistir a charlas por toda la región que ahora sí corren a cargo de «gente joven que está preparada y muy implicada, dando respuestas a dudas que antes quedaban en limbo».

ALTERNATIVA

Hace cuatro años, Raúl de las Heras comenzó con una «alternativa a la agricultura convencional que mira un poco por la propia economía y otro tanto por el medio ambiente». Asegura que durante los casi 20 años que precedieron esta decisión, siempre había tenido una visión ecológica sobre sus parcelas. Una buena parte de sus 160 hectáreas, entre las que predomina la alfalfa, ya tiene el certificado como tal y el resto está en reconversión hacia una agricultura que, asevera «se asemeja un poco más a la de toda la vida» al no tener cabida herbicidas ni abonos. «Como no dispones de esta defensa, tiendes a un manejo más tradicional para conformar la tuya», apunta para poner como ejemplo unas siembras más tardías.

A este agricultor ecológico de Villalón de Campos sí le salen las cuentas de una práctica que «como mínimo resulta igual de rentable que la convencional». Contrapesa unas producciones menores con un «mayor valor añadido» de las mismas, al que añade el «colchón» de las ayudas que falla, reconoce, en aquellos cultivos «más exigentes y menos fáciles de controlar, como puede ser el trigo o la cebada».

Prueba de que la concienciación avanza en todas las direcciones es, para este vallisoletano, que el producto nacional que «tanto se ha exportado ya se está empezando a quedar» en un país preocupado por un futuro cada vez más inmediato.

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