PALACIO DE BORNOS (DO RUEDA)
Medio siglo de historia viva de Rueda (Valladolid)
La bodega vallisoletana celebra 50 años como uno de los grandes referentes del verdejo, la innovación vitivinícola y la proyección internacional

El director general de BORNOS Vinos & Licores, Fernando Zaratiegui, en la celebración del 50 aniversario de la bodega de Rueda
Hay bodegas que nacen, sin ser conscientes de ello, para dejar una huella o una impronta. Para cumplir una misión. Son empresas que se anticipan a las necesidades del mercado que otros ven más tarde. O que simplemente nacen para cumplir un sueño. En 1976, cuando España estaba sentando las bases de su democracia, otros escribían la historia en la tierra de lo que hoy es la DO Rueda. Fue ese año cuando Antonio Sanz levanta Bodegas de Crianza de Castilla la Vieja, creador de Palacio de Bornos, su principal marca. Por aquel entonces faltaban aún cuatro años para que se constituyera la denominación de origen vínicola más antigua de Castilla y León pero ya había un grupo de viticultores y bodegueros que comenzaron a poner sus cimientos.
Hablar de Palacio de Bornos es hablar, en buena medida, de la propia historia de la Denominación de Origen Rueda. Cuando la bodega comenzó su actividad en 1976, el vino blanco de la comarca aún no había alcanzado el prestigio nacional e internacional que hoy disfruta. Cincuenta años después, Palacio de Bornos se ha consolidado como una de las marcas más reconocidas del sector y uno de los nombres imprescindibles para entender la transformación de Rueda en una de las grandes zonas vitivinícolas de España.
Carácter innovador
Desde sus inicios, la bodega apostó por la calidad y por la valorización de la variedad verdejo, una uva que acabaría convirtiéndose en el principal emblema de la zona. Aquella visión permitió que la marca se consolidara primero en Castilla y León y posteriormente iniciara una expansión nacional e internacional que la ha llevado a estar presente en numerosos mercados de todo el mundo (su presencia internacional alcanza ya más de 25 países).
Sin embargo, si hay un rasgo que define la trayectoria de Palacio de Bornos es su carácter pionero. A lo largo de estas cinco décadas la bodega ha protagonizado algunas de las innovaciones más relevantes de la viticultura de Rueda. Fue una de las primeras en apostar por el cultivo en espaldera, contribuyendo a modernizar las técnicas de plantación y manejo del viñedo en la comarca. También desempeñó un papel destacado en la introducción de la variedad Sauvignon Blanc dentro de la denominación, ampliando las posibilidades enológicas de la zona.

Instalaciones de la histórica bodega que fue pionera en elaborar y comercializar espumosos dentro de la DO Rueda, abriendo paso a nuevas posibilidades en la zona.
Primer espumoso
Pero si hay un hito del que sentirse especialmente orgullosos y que forma parte de su legado llegó en 1978, cuando Palacio de Bornos se convirtió en la primera bodega de Castilla y León en elaborar vinos espumosos. Aquella apuesta pionera abrió un camino que años después seguirían otras bodegas y confirmó la vocación innovadora de una firma que siempre ha tratado de situarse a la vanguardia del sector.
Pero si hay un hito del que sentirse especialmente orgullosos y que forma parte de su legado llegó en 1978, cuando Palacio de Bornos se convirtió en la primera bodega de Castilla y León en elaborar vinos espumosos. Aquella apuesta pionera abrió un camino que años después seguirían otras bodegas y confirmó la vocación innovadora de una firma que siempre ha tratado de situarse a la vanguardia del sector.
Durante este medio siglo, Palacio de Bornos ha sido protagonista activo de la transformación del vino blanco español, combinando tradición, visión de futuro y una constante apuesta por la excelencia y la innovación», destacó Fernando Zaratiegui, director general de BORNOS Vinos &Licores, nombre actual del grupo vinícola. En la actualidad la bodega abarca 308 hectáreas de viñedo propio distribuidas entre las localidades vallisoletanas de Rueda, Pollos y La Seca, y elabora 12 referencias entre vinos blancos, semidulces, espumosos y frizzantes. El 40% de la facturación procede del mercado exterior, siendo Países Bajos uno de sus principales consumidores.
La innovación ha ido acompañada de una constante evolución tecnológica y de una creciente preocupación por la sostenibilidad. En los últimos años, la bodega ha impulsado diferentes iniciativas orientadas a reducir su impacto ambiental y mejorar la gestión de los recursos. Entre ellas destacan proyectos pioneros para el tratamiento de residuos agrícolas como Phytobac y diferentes acciones encaminadas a reducir la huella de carbono, siendo la primera bodega española en obtener la acreditación Ecomethod. Este compromiso ha sido reconocido con certificaciones específicas en materia de sostenibilidad y protección climática.
El aniversario también permite poner en valor la dimensión humana de una empresa que ha acompañado el crecimiento económico y social de la comarca durante medio siglo. Generaciones de viticultores, trabajadores y profesionales han participado en la construcción de una marca que hoy forma parte del patrimonio vitivinícola de Castilla y León.
Durante la celebración del cincuentenario, la bodega quiso rendir homenaje a esa historia compartida mirando también hacia el futuro. Como símbolo de esta efeméride presentó una edición especial, el Gran Vino de Rueda Palacio de Bornos Colección de Familia Sergio Hernández, concebido como un reconocimiento al camino recorrido y a la evolución alcanzada por la firma a lo largo de cinco décadas.
Pero más allá de los vinos concretos o de los reconocimientos acumulados, el principal legado de Palacio de Bornos reside probablemente en haber contribuido a cambiar la percepción del vino blanco español. Medio siglo después, la denominación es una referencia internacional y Palacio de Bornos figura entre las bodegas que ayudaron a construir ese éxito colectivo.
Una historia de innovación, visión empresarial y fidelidad a una tierra que ha encontrado en la verdejo uno de sus mejores embajadores. Medio siglo después de aquella apuesta iniciada en 1976, la bodega sigue reivindicando los mismos valores que marcaron sus orígenes: calidad, innovación y compromiso con Rueda.