Diario de Valladolid

EL PORRONCILLO (VALLADOLID)

El sabor de Asturias pasa de generación en Valladolid

Lorena y Carlos toman el testigo de su padre en la dirección de El Porroncillo tras ocho años con la persiana subida

Lorena y Carlos con una ración de chipirones a la plancha y un plato de cachopo.

Lorena y Carlos con una ración de chipirones a la plancha y un plato de cachopo.JUAN GARCÍA

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De padre a los hijos, una herencia asturiana en Valladolid. La familia Merino Romero llegó a las tierras vallisoletana desde Oviedo por motivos laborales que derivaron al tiempo en seguir con la persiana subida de El Porroncillo hace ocho años. Tras haber estado a cargo de otros establecimientos y haber echado raíces en la ciudad del Pisuerga decidió emprender su proyecto. De trabajar de comercial a tener su propio bar aportando a Valladolid un viaje directo a Asturias sin moverse.

Hace tres meses los hijos de Félix, Lorena y Carlos, tomaron el relevo de la dirección del bar asturiano por la jubilación del padre, aunque ya llevaban un tiempo ayudando a Félix con las labores diarias del bar. Los dos hermanos siguen detrás de la barra para mantener el recuerdo de su tierra natal a través de la gastronomía.

Platos típicos asturianos como el cachopo son «el plato estrella» de la carta. Pero no sólo es el único, sino que las zamburiñas, los chipirones y el pollo al ajillo también son las opciones más pedidas por los comensales. Otro de los platos típicos de esta gastronomía es la fabada, este guiso de cuchara compuesto principalmente por judías y carne lo realizan por encargo en El Porroncillo. Más opciones disponibles tradicionales son la ración de chorizo a la sidra, croquetas o la variedad de embutidos.

Entre los postres destacan en la carta la «clásica» tarta de la abuela, el tradicional arroz con leche y en estos momentos con «la moda de las tartas de queso» realizan este plato con ingredientes de origen asturiano.

El comienzo de los hermanos Merino Romero ha sido «muy bien» recibido por los habituales clientes, según explica Lorena. «Nos han recibido con muchas ganas tanto la clientela de toda la vida como la nueva, porque se pensaban que íbamos a cerrar, al estar a la deriva, y lo hemos mantenido abierto», concreta la gerente del establecimiento.

Más allá de la carta, El Porroncillo ha conseguido trasladar y mantener parte de la esencia asturiana en Valladolid a través de una segunda generación de hosteleros.

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