TRAPA (DUEÑAS, PALENCIA)
Trapa, 135 años de historia
La firma palentina afronta una nueva etapa marcada por la innovación, la calidad y la expansión internacional, sin renunciar a su legado histórico

Planta industrial de Trapa en San Isidro de Dueñas con un equipo humano de 175 personas. La firma siempre ha estado ligada al territorio palentino
El caso de éxito empresarial de Trapa podría ser objeto de estudio en escuelas de negocio de cualquier parte del mundo. La firma con raíces palentinas cumple 135 primaveras en un momento dorado. Puede presumir de haber obrado el milagro de reinventarse, renacer y pasar de facturar 1,5 millones de euros en 2013 a romper su techo el pasado ejercicio con 85 millones de euros. En un mercado cada vez más competitivo y cambiante, pocas marcas han logrado una hazaña semejante como la de Chocolates Trapa. ¿Cuál es la receta del éxito? se preguntarán muchos. “Trapa ha pasado de ser una marca con historia a convertirse en una marca con propósito. Hemos transformado completamente nuestra propuesta de valor. Apostamos por la calidad, la innovación y la diferenciación, pero también por valores que hoy son irrenunciables, como la sostenibilidad, la transparencia y la conexión emocional con el consumidor. Hoy Trapa es una compañía mucho más abierta, más comunicativa y con una reputación que gestionamos de forma activa y consciente”, afirma Gerardo Fernández Calvo, presidente de la empresa chocolatera fundada por los monjes trapenses en 1891 en la localidad de San Isidro de Dueñas y que su familia salvó de la quiebra cuando fue adquirida en 2013 por el Grupo Europraline.
La compañía, de capital 100% español, compite en grandes plazas de todo el mundo gracias a una fórmula: innovar para sobrevivir. “Innovar es cuestionarnos constantemente cómo aportamos valor y cómo evolucionamos como compañía”, afirma Fernández Calvo. Ese mantra se traduce en nuevas recetas, formatos adaptados a distintos momentos de consumo y una estrategia de comunicación más cercana y contemporánea, apoyada en canales digitales y el uso de datos.
Del mítico cortado, aquel icónico dulce, ha ido evolucionando, adaptándose a los nuevos gustos y necesidades del consumidor, con nuevos productos (más de 300 referencias en el portfolio que abarca hasta turrones y helados) y nuevos formatos (saludables, sin lactosa...etc).
Y es que el chocolate ha dejado de ser un capricho ocasional para integrarse en el día a día, adaptándose al perfil del consumidor. “Hoy está más informado y es más consciente. Ya no busca únicamente sabor, sino transparencia, calidad de los ingredientes y opciones que se adapten a su estilo de vida”, explica el CEO. En este contexto, productos con menor contenido en azúcar o con altos porcentajes de cacao han ganado protagonismo, reflejando una tendencia hacia un consumo más exigente y reflexivo.
El salto al exterior ha jugado un papel destacado en este tiempo llegando a estar presentes en 50 países. “Las ventas internacionales nos permiten reducir la dependencia de mercados concretos y aprovechar oportunidades de crecimiento en geografías con dinámicas de consumo muy distintas. Además, nos obliga a ser mejores. Nos expone a nuevos competidores, a otros estándares y a consumidores más diversos, lo que impulsa nuestra capacidad de adaptación”, afirma rotundo. La internacionalización se convierte así en una palanca de crecimiento, pero también en un desafío constante.
Retos de futuro
Entre los principales retos, el sector se enfrenta a factores como el incremento de los costes de las materias primas o la necesidad de avanzar en sostenibilidad. En el caso de Trapa, el desafío es claro: “seguir creciendo sin perder nuestra esencia. Estamos en un momento de transformación en el que debemos consolidar nuestra marca y seguir innovando”, apunta. Una compañía que seguirá construyendo sobre sus raíces, pero con la mirada puesta en nuevos horizontes. La empresa mantiene su objetivo de alcanzar los 100 millones de euros de facturación en 2027 con una estrategia clara y ambiciosa. “Imagino Trapa como una marca más global, más relevante y profundamente conectada con el consumidor”, concluye el directivo.
Compromiso con Palencia
El vínculo con el territorio es otro de los pilares del proyecto. Desde su implantación en la provincia de Palencia, Trapa ha mantenido una relación estrecha con su entorno. “No hablamos solo de una fábrica, sino de una relación construida con las personas y la comunidad”, destaca el directivo, que insiste en el compromiso de la empresa como motor económico y agente social.
Trapa vive hoy un momento de transformación en el que tradición e innovación han sabido conjugar a la perfección como modelo empresarial. “Alcanzar 135 años de historia es, ante todo, una gran responsabilidad”, reconoce su CEO. “No se trata solo de celebrar una cifra, sino de demostrar que una marca como Trapa ha sabido evolucionar, adaptarse y seguir siendo relevante”. Una idea que resume el espíritu de esta nueva etapa: mantener la esencia —la calidad del producto y el compromiso con sus raíces palentinas- mientras se incorporan nuevas formas de entender el mercado.
La revolución de Trapa ha captado la atención de economistas y analistas financieros. Más allá de las cifras, de haber mantenido un crecimiento constante a doble dígito, su fórmula se apoya en la calidad y en valores que hoy resultan irrenunciables: sostenibilidad, transparencia y una conexión emocional más directa con el consumidor. “No se trata solo de un producto, sino de construir una experiencia de marca más amplia”, subraya.
Las colaboraciones también se han convertido en una herramienta clave para crecer y ganar visibilidad. “Nos permiten llegar a nuevas audiencias, reforzar nuestro posicionamiento y acelerar la innovación”, explica el CEO. La compañía apuesta especialmente por alianzas con marcas españolas como Interflora, Iberia Express o Viena Capellanes, en una estrategia que refuerza su identidad y su arraigo.
Mirando al futuro, la visión es ambiciosa. Porque si algo demuestra la historia de Trapa es que el paso del tiempo no está reñido con la capacidad de reinventarse. Y que, en el mundo del chocolate, la tradición puede ser el mejor punto de partida para innovar.