Diario de Valladolid
Benilde, entre sus hijas Josefa (con la caldereta) y Ana (con el arroz con botillo), y el flan, en primer término.-ARGICOMUNICACIÓN

Benilde, entre sus hijas Josefa (con la caldereta) y Ana (con el arroz con botillo), y el flan, en primer término.-ARGICOMUNICACIÓN

Javier Pérez Andrés
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Javier Pérez Andrés

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El hecho de desplazarse a las tierras leonesas de Luna y Babia ya justifica un viaje a esta parte de la montaña de la provincia. Si además buscamos mesa para comer y queremos hacerlo en un ambiente cálido y de cocina local, una alternativa segura es la del restaurante rural García, situado en la localidad babiana de Villasencino. Su especialidad es la caldereta de cordero, todo un descubrimiento. Su carne fresca es tierna y muy sabrosa, gracias al tiempo lento de cocción. De este modo se consiguen concentrar aromas, sabores y texturas..

La señora Benilde García -junto a su marido, Efrén García- fundó este restaurante en los años 60 del pasado siglo. Siempre tuvo claro qué y para quién cocinaba. Eran tiempos de viajantes y viajeros, tratantes y trashumantes, pescadores y cazadores; es decir, su clientela de toda la vida. Su cocina está ahora en manos de su nuera, Ana Fernández, y de su hijo Carlos. Ambos continúan haciendo lo mismo, aunque incorporan algunos platos y sientan a la mesa nuevos perfiles: senderistas, montañeros, cazadores y muchos turistas, que se alojan en las casas rurales del entorno. A todos les gusta la caldereta de Benilde y su tarta babiana, un riquísimo flan de huevo con pan, reminiscencia de años de aprovechamiento. El botillo con arroz, que lleva el sello de Ana, es otra especialidad de la casa: está bien planteado, es caldoso, elimina parte de los huesos y funde el sabor a carne con el toque de pimentón y el arroz. Un plato muy apetecible en cualquier época del año.

Ana y su hermana Josefa siguen la misma conducta de hace medio siglo, atendiendo, sirviendo y convenciendo a los comensales. Pero hay más: lechazo al horno, chuletillas y picadillo; quesos y carnes rojas. De vez en cuando, Ana sorprende con una sopa de trucha, un canto a los tiempos de las truchas del río Luna, que está muy cerca del restaurante. El menú diario cuesta doce euros. Los García saben que es fundamental mantener ese precio para forasteros y para los vecinos de la zona. A la carta se puede comer por 20 euros.

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