Tecnologías que mitigan el cambio climático
La UCAV trabaja en un proyecto que emplea el polvo de basalto en diferentes entornos urbanos de Ávila con el objetivo de capturar y fijar el CO2 atmosférico en forma de materia inerte de forma permanente

Jorge Mongil, profesor e investigador de la UCAV, en la presentación del proyecto junto con el resto de las empresas y entidades que participan en el estudio.
Las tecnologías de emisiones negativas son todas aquellas medidas que tienen por objetivo la retirada del CO2 de la atmósfera para su posterior almacenamiento en áreas como el suelo, la biomasa o los océanos. Así, este tipo de actuaciones, que se han ido desarrollando de forma exponencial durante los últimos años, son soluciones basadas en el uso de la naturaleza como una medida para la mitigación del cambio climático.
Dentro del ámbito de estas actuaciones destinadas a «reducir el CO2 de la atmósfera para mitigar el cambio climático» se encuentra una iniciativa que se ha puesto en marcha en la provincia abulense. El Ayuntamiento de Ávila, la Universidad Católica de Ávila (UCAV) y la empresa Tremi S.A. colaboran en el innovador proyecto Smart Green Minerals impulsado por LG España que, aplica la técnica de la meteorización mejorada con polvo de basalto en un entorno urbano, con el objetivo de capturar y fijar el CO2 atmosférico en forma de materia inerte de forma permanente.
A la cabeza de este proyecto se ubica Jorge Mongil, profesor en la UCAV y director del grupo de investigación ‘Forest, Water and Soil’, el cual estudia las relaciones entre el agua, el suelo, y la vegetación, sobre todo en procesos hidrológicos relacionados con estos tres elementos.
«Lo que estamos haciendo con este estudio es aplicar polvo de basalto en los suelos», apunta Mongil, esta es una roca volcánica que está compuesta por minerales que se llaman silicatos los cuales reaccionan con el agua y los componentes gaseosos del aire atrapando el CO2 de la atmósfera para almacenarlo en el suelo. Gracias a estas características el objetivo del proyecto es comprobar la eficacia de la adición de polvo de dicha roca en el suelo para el «secuestro» de carbono atmosférico así como su eficacia para incrementar la fertilidad del suelo.
«Un efecto secundario de añadir polvo de basalto es que puede aumentar la concentración en el suelo de algunos nutrientes. Por ello, estamos mejorando la fertilidad del suelo y eso en un medio plazo puede aumentar también la producción de las plantas, su crecimiento y desarrollo, y, por lo tanto, también a medio plazo lo que haría sería aumentar el carbono orgánico en el suelo. Así, lo que pretendemos al añadir el basalto es que aumente el carbono inorgánico, pero también, indirectamente, aumente el carbono orgánico en el suelo. Todo ello hace que reduzcamos el contenido en carbono de la atmósfera».
La iniciativa surge de la mano de la empresa LG España bajo el liderazgo de la UCAV siguiendo la línea de los proyectos que han ido realizando. Hasta ahora, Smart Green se había centrado en regenerar ecosistemas a través de tecnologías basadas en la naturaleza como plantar árboles, repoblar España de abejas ibéricas y recuperar praderas de posidonia oceánica en el Mediterráneo.
En el caso de esta cuarta línea de trabajo, arrancó en formato piloto en 6 espacios ajardinados de la ciudad, incluyendo cuatro rotondas con el objetivo de emplear esta técnica que ya se ha usado en el pasado en suelos agrícolas y forestales, «pero nunca en entornos urbanos».
El uso del polvo de basalto en estos espacios supone que, al entrar en contacto con el agua de lluvia o riego, este reaccione de forma natural transformando el CO2 en carbonatos estables, «los cuales permanecen en el suelo durante millones de años». Este mecanismo no necesita mantenimiento adicional, estimula el crecimiento vegetal sin fertilizantes químicos y ayuda a reducir la acidificación de ríos y mares, «beneficiando a los ecosistemas acuáticos», incide.
Tras su implementación en estas áreas les gustaría que pudiera extenderse a otras zonas de la ciudad, pero también a otras ciudades. «Es una prueba piloto para ver si funciona. Queremos comprobar la eficacia de esta técnica de meteorización mejorada de cara a que se pueda extender su uso. Además, en las parcelas que ya tenemos, en un futuro se podrían medir otros parámetros del suelo, como la capacidad de infiltración del agua para ver si el polvo de basalto mejora físicamente los suelos y, en concreto, la capacidad de infiltración del agua en el suelo».
Por otro lado, asegura que le gustaría también hacer ensayos que se llaman microcosmos, es decir, la aplicación del mismo polvo de basalto, pero en macetas pequeñas en las que poder realizar ensayos a mucha menor escala para ver qué resultados se pueden obtener. Y una tercera línea sería la aplicación del polvo de basalto en el campo, cultivos agrícolas y en suelos forestales.
El investigador de la UCAV remarca que desde su grupo están convencidos de la utilidad de este polvo de basalto para la mitigación del cambio climático y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. «Esta técnica puede dar buenos resultados muy a corto plazo. Según investigaciones previas en un periodo entre uno y cinco años se consiguen absorciones de CO2 atmosférico muy importantes, se puede estar hablando de entre dos y cinco toneladas de CO2 absorbido por hectárea. Si funciona así de bien estaríamos ante una técnica muy útil para reducir las concentraciones de CO2».
Este proyecto, que empezó a principios del año pasado y cuenta con dos años de extensión, ya ha dado sus primeros resultados, causando cambios que han podido observar en las propiedades químicas del suelo, sobre todo en la composición de determinados elementos.
«Con el proyecto buscamos poner nuestro granito de arena, desde nuestra posición de investigadores universitarios, eso es lo que más nos llena. Todos los que trabajamos en estos temas de carácter medioambiental, mejorar el entorno y el medioambiente que nos rodea es lo que nos motiva», asegura.