El Pucela quita brillo a su victoria

Gana por la mínima lastrado por su defensa tras mandar 4-1 con una exhibición ofensiva

Arnu felicita a Rubio tras uno de sus goles.LALIGA

Publicado por
Valladolid

Creado:

Actualizado:

El Real Valladolid es de esos equipos con problemas para ser feliz. No sabe. Cree que la alegría no es para él y busca motivos para la tristeza. Todos conocemos a gente así, pero no a equipos. Y no se trata de que casi le remonten, sino cómo lo hacen. El Pucela es capaz de convertir una victoria en casi una derrota. No había más que ver las caras con que los aficionados abandonaban Zorrilla.

Porque su equipo no estuvo cerca de la excelencia, pero sí de completar un gran trabajo. Y lo ensució, lo quitó brillo, lo vulgarizó con una recta final de partido impropia de un conjunto que aspira al menos a no pasar problemas en la clasificación. Porque el Leganés es parecido a él: buenos nombres que forman un equipo flojo.

El Real Valladolid no controla los partidos. Estos le controlan a él. No los lee, no sabe interpretarlos, no los cierra. Por eso estuvo a punto de tirar a la basura unos minutos mágicos que le dieron una merecida ventaja de 4-1. Y metió al Leganés en el partido. O consintió en que se metiera, que es parecido.

El choque deja nombres propios para bien, como los de Ponceau (también en defensa), Rubio o Abed, y otros muy tocados, como Tomeo o Martínez. Una pareja de centrales para echarse a temblar. Sin olvidar que los que tienen delante molestan más que ayudan. Juric lleva tiempo jugando gratis, pero el míster no lo ve.

Al menos se ganó, pero lo que podía haber acabado con el sobresaliente, lo hizo con el aprobado raspado y riesgo de suspenso. Este partido puede ser el resumen del Pucela: capaz de lo mejor y de lo peor, de la excelencia en ataque y la extrema vulnerabilidad en defensa. Un rival que había marcado siete goles en toda la Liga, le hizo tres. Y fue el equipo que más le ha disparado en toda la Liga (18 tiros, 10 a puerta). Además activó a Morata. No había marcado en toda la Liga y en Zorrilla hizo dos goles. El Pucela provoca resurrecciones en el Día de Difuntos.

Escribá confió de inicio en su rombo, pero con Abed en el vértice de ataque y Víctor haciendo pareja con Arnu en la delantera. El israelí funcionó a la perfección en ese puesto.

Enseguida se vio que el encuentro se convertía en un toma y daca, con defensas flojas y ataques brillantes. Sancris asustó con un tiro de rosca que se perdió fuera por poco y Víctor dio la réplica con un disparo sin ángulo. Justo después llegó el primer gol. Un córner botado por Abed fue peinado por Alejo y remachado de un testarazo a la red por Rubio. Parecía una jugada ensayada.

El tanto aplanó de forma incomprensible al Real Valladolid, que se echo atrás sin que el Leganés le empujase. Los locales tenían muchos problemas en sacar el balón jugado desde atrás y en una pérdida Juric hizo un despeje de cabeza que pareció una asistencia, Tomeo sacó el balón de la raya tras dispararlo Dani y Millán lo remachó a la red.

El Pucela volvió a espabilar con el empate y a los dos minutos marcó de nuevo Rubio, tras un córner sacado por la otra banda. Lo defendió tan mal el Leganés, que el central remató con el pie un balón raso a bocajarro en el borde del área pequeña. Rubio, nacido en Leganés, central, marcó un doblete al equipo de su ciudad.

Esta vez el Real Valladolid no se arrugó ni fue rácano con la ventaja, sino que ofreció sus mejores minutos, con una exhibición de Ponceau en cuanto a capacidad de pase y visión de juego, siendo además líder en recuperación de balones.

La alegría fue in crescendo. Ojeda se coló por el pasillo del ocho, envió un pase en profundidad al francés quien, demasiado adelantado para rematar, tocó de tacón para que Arnu empujase el balón a gol. Todo salía en ataque, no se pasaban muchos problemas en defensa y se mascaba la goleada. Y la felicidad.

Más aún cuando llegó el 4-1, ya en la segunda parte. Ponceau mandó su enésimo balón en profundidad, esta vez a Arnu. Su balón disparado tocó en la bota de Pulido, dio en el poste y Abed, atento en el segundo palo, remachó a gol.

El tanto hacía soñar a la grada con reproducir algo parecido al Albacete, pero para eso hay que tener orden atrás y saber defender. Soko avisó sólo dos minutos después de este tanto, al permitir el Pucela su mano a mano con Aceves, que sacó el balón de forma milagrosa.

Los blanquivioleta volvieron a asustarse, se descompensaron aún más en la fase defensiva y aunque Escribá dispuso dos líneas de cuatro sin balón, el Leganés llegaba sin problemas. Se mascaba el miedo.

Morata, suplente, saltó al campo en el minuto 55 y marcó en el 68 mediante un tiro con poco ángulo. Tomeo, despistado, rompía el fuera de juego. Luego casi anota de falta directa. Aceves tuvo que volar para sacar el balón. Pero si había un lugar para que el ex internacional con España resucitase a lo grande, estaba claro que era Valladolid. Completó su doblete con un tiro raso pegado al poste, totalmente desmarcado, en el 91. Martínez, de miranda. Y si hubiese fallado, el árbitro habría pitado penalti de Tomeo.

Cargando contenidos...

El Pucela sólo se acercó en este último cuarto de partido con peligro mediante un tirito de Barberá y acabó desencajado y pidiendo la hora. Su victoria pudo ser brillante pero fue mate. En vez del caballo, parece elegir como montura en esta Liga el toro mecánico. Y ya se sabe que encima de él, antes o después se acaba en el suelo.