FÚTBOL
Borja y Rubio, dos ex que triunfan lejos de casa
Ex jugadores blanquivioleta y ahora entrenadores que logran en Galicia y Grecia el éxito que les negó Zorrilla tras su paso a los banquillos «Confiaba en mí, pero no esperaba que las cosas fueran tan bien, eso era un sueño»
Álvaro Rubio y Borja Fernández en un entrenamiento del Real Valladolid en 2016.
Dicen que nadie es profeta en su tierra. En el fútbol, donde las prisas suelen imponerse a la perspectiva, la sentencia cobra todavía más sentido. Mientras el Real Valladolid sigue buscando certezas para reconstruir su futuro, dos de los entrenadores que abandonaron Zorrilla sin el reconocimiento esperado han encontrado fuera el respaldo y los resultados que aquí les fueron esquivos.
Borja Fernández y Álvaro Rubio comparten mucho más que un pasado blanquivioleta. Fueron compañeros sobre el césped y amigos fuera de él. Ninguno logró consolidarse en la estructura técnica del club. Sin embargo, el tiempo, que suele ser el juez más fiable del fútbol, empieza a darles la razón lejos de casa.
"Fue una decepción salir así de Valladolid. El golpe más duro de mi carrera"
Sus despedidas, sin embargo, respondieron a contextos muy diferentes. Borja Fernández abandonó el Real Valladolid con una profunda sensación de decepción. El técnico asegura que, por todo lo que se le había transmitido durante la temporada, esperaba una continuidad que finalmente no llegó. La decisión de no renovarle al frente del Juvenil A supuso, en sus propias palabras, «el golpe más duro» de su carrera, una situación que le dejó marcado por la frustración y por la sensación de que la realidad fue muy distinta a los mensajes que había recibido meses antes. «Fue una gran decepción», admite ahora, aunque también asegura que aquella experiencia le sirvió como aprendizaje personal y profesional para «no volverte a fiar de nadie, pero tampoco porque es una sensación que no me gusta. Si alguien te falla, que falle».
El caso de Álvaro Rubio fue distinto. Su salida estuvo inevitablemente ligada al hundimiento deportivo del primer equipo, aunque el propio entrenador reconoce que aceptó el reto siendo plenamente consciente de la dificultad del escenario. «Cuando acepté coger al primer equipo ya sabía muy bien dónde me metía. Tenía asumido al 95% que la situación era extremadamente complicada y me guardé apenas un 5% para soñar y para poder hacer un cambio en mi casa y no pudo ser así». Ese desenlace no llegó y la experiencia terminó siendo «muy dura y muy triste», aunque Rubio insiste en que se siente orgulloso de haber dado un paso al frente cuando el club lo necesitó. «Sabía perfectamente cuáles podían ser las consecuencias», señala, reivindicando además la valentía de todos los que lo afrontaron.
Desde entonces, Borja ha construido una trayectoria impecable en la Unión Deportiva Ourense, encadenando dos ascensos consecutivos y llevando al club desde Tercera RFEF hasta Primera RFEF Estaba convencido de que quería ser entrenador y que se me daba bien. «Confiaba en mí. Ahora, que salieran tan bien las cosas como en estos dos años, no, eso solo se soñaba». Un trabajo que no ha pasado desapercibido y que le ha abierto las puertas del Lugo, donde afrontará esta temporada uno de los mayores desafíos de su todavía joven carrera. Afirma haber encontrado fuera de Valladolid «La oportunidad real».
El camino de Álvaro Rubio siguió en Grecia, al frente del Olympiacos B, al que ha logrado meter en el playoff de ascenso «Cuando llegamos nos marcaron un objetivo muy claro. Faltando seis partidos nos teníamos que meter en playoff para poder disputarlo, aunque nosotros no podemos ascender. Los chicos, los primeros partidos compitieron bien, pero poco a poco se van dejando llevar porque el objetivo ya no tiene ningún sentido», devolviendo valor a una figura que en Valladolid quedó inevitablemente ligada a un desenlace traumático.
Tras dos años perfectos en Ourense, Borja explica el proceso para dejar el club orensano y llegar a Lugo «A nivel personal ha sido un subidón, porque venía de dos decepciones grandes con el mundo del fútbol, y a nivel colectivo, he ayudado a colocar al equipo de mi ciudad dónde estaba históricamente. Primero era decidir si seguir o no, y poco a poco se fue revelando que iba a salir. Y en Lugo, su determinación a que fuera yo». Sin objetivos claros, de momento en Primera RFEF.
"No estoy aquí por Mendilibar. Mi futuro es un poco incógnita. Estamos esperando"
Por su parte, Rubio quiso desmarcarse de la idea instaurada de que fue a Olympiacos B por la figura de José Luis Mendilibar en el primer equipo «La gente piensa que es así, pero no. Creo que Mendi no sabía nada, ni siquiera que iba a ir. No ha sido cosa de él, ha sido a través de otras personas. Una vez que he estado allí con él es una gozada trabajar junto a él. Entrenamos los dos equipos a la vez, hablamos mucho. Sigo aprendiendo del que me enseñó muchas cosas y he tenido esa conexión con él y creo que la sigo teniendo». No obstante, su futuro es «un poco incógnita. Estamos esperando a ver qué nos dicen desde allí y si no, buscar otro destino. Ahora mismo firmamos solo hasta junio, así que estamos esperando un poco a ver cuál es la siguiente opción».
Las vueltas que da el fútbol. Lo que en Valladolid fueron dudas, contextos adversos y finales prematuros, hoy son proyectos sólidos y objetivos cumplidos a cientos de kilómetros de Zorrilla. Dos amigos, dos exblanquivioletas y dos entrenadores que han encontrado fuera la confianza que aquí, por unas cosas u otras, nunca terminó de llegar.
Habrá que ver si en un futuro su etapa en los banquillos vuelve a la ciudad del Pisuerga, algo que ninguno descarta, pero Borja supedita más a cuando se produzca «No lo sé, depende del momento. He estado muy centrado en la UD Ourense y ahora con muchas ganas de Lugo» y Rubio del valor sentimental y de su casa «Solo tengo palabras de agradecimiento para todos esos equipos en los que he estado y por supuesto a Valladolid, que ha sido tanto tiempo y que he estado tan a gusto».