Rubio decidirá si Luis Pérez viaja a Madrid
El club deja en manos del entrenador la decisión, al no estar apartado del equipo y ser «un jugador más»
En los casos de Kenedy y Amath, su ausencia fue orden 'de arriba'

Rubio da una orden a Luis Pérez antes de su salida al campo, con el ya ex blanquivioleta Kike al lado.
Ahora que la Filosofía está arrinconada y se ha convertido en cosa de frikis para que la gente no desarrolle su pensamiento crítico, cabe recuperar a Aristóteles y su Metafísica, con el fin de explicar qué es el actual Real Valladolid. El sabio griego estableció al enunciar el Principio de No Contradicción que «nadie puede creer que lo mismo puede ser y no ser al mismo tiempo».
En Zorrilla se les ha atravesado en enunciado aristotélico respecto a Luis Pérez. El club condena mediante nota pública el acto que protagonizó junto a Latasa y anuncia al mismo tiempo que procederá a la aplicación del Reglamento General de Régimen Disciplinario con ambos jugadores.
Posteriormente organiza sin luz ni taquígrafos pero con imagen gráfica la reunión del director general con los capitanes, para dejar constancia urbi et orbi de que Luis Pérez ya no forma parte del distinguido grupo de portadores del brazalete.
Pero la visita al Atlético de Madrid se aproxima, y el aficionado quiere saber qué pasa con Luis Pérez. ¿Estará apartado por el club? ¿Seguirá en el equipo? ¿Hasta cuándo?
Saltándose a la torera el Principio de No Contradicción, todos los gestos emitidos por el club quedan borrados ante una actuación en la línea opuesta. Álvaro Rubio, el entrenador cada día con más cara de interino y que no seguirá la próxima temporada, será quien decida si Luis Pérez viaja o no para jugar contra el Atlético de Madrid.
Así lo han asegurado fuentes del club a este diario. «Mientras no exista una sanción, es un jugador más del equipo aunque se le haya apartado de la capitanía», sentencian en las oficinas de Zorrilla.
Es posible que todo sea un paripé y que la decisión de que Luis Pérez no vaya ni convocado esté tomada desde arriba y se le haya comunicado a Álvaro Rubio, quien debe hacer creer a la afición que es suya. Es cierto que, reglamento de régimen interno en mano, no es posible apartar a un jugador mientras se resuelve su expediente sancionador, en aras de su presunción de inocencia. Pero el simple hecho de estar a estas alturas de semana especulando con que si Luis Pérez viaja o no, después de protagonizar una agresión vista en todo el mundo, exporta una imagen de falta de seriedad y firmeza del Real Valladolid.
El jugador acaba contrato el 30 de junio y el club pudo optar desde el mismo lunes, dado que no se juega nada deportivamente, por pagarle el dinero pendiente y dar por finalizado el contrato. De este modo se quitaría un problema de encima, al evitar futuras complicaciones judiciales si la sanción que recaiga sobre el lateral es recurrida por éste.
El pago por no jugar, no será algo que esta temporada suene a dispendio. Excepto un puñado de futbolistas, ninguno se ha ganado su ficha.
Ahora se prolonga una agonía que no es buena para la imagen del club ni del jugador. El agresor a un compañero tiene, mientras no se afirme lo contrario, posibilidades de jugar, a tres días del partido, y el club queda de nuevo en evidencia, la misma semana en la que debe reiterar al equipo mediante esa reunión con los capitanes «la necesidad de cambiar la actitud y recuperar la dignidad y la competitividad», como si no fuese algo que debía venir de serie en un futbolista profesional, o no fuese posible una multa colectiva por bajo rendimiento a los que jugaron.
Pero existe un punto más para no dejar en manos de Rubio la decisión de que Luis Pérez viaje o no. Tras el mercado de invierno, Kenedy y Amath quedaron excluidos de las convocatorias por determinación de arriba, al rechazar ambos su salida. Rubio lo desveló en rueda de prensa. Luego se desandaron esos pasos.