Diario de Valladolid

En la orilla treinta años después

La ciudad de Valladolid volvió a perder, 10.734 días después, la oportunidad de levantar un título / El Fórum Filatélico de Sabonis perdió la final de la Copa Príncipe en 1990 y ayer un Carramimbre temeroso repitió guión en el Pisuerga

JUAN MIGUEL LOSTAU

JUAN MIGUEL LOSTAU

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Guillermo Velasco
Valladolid

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... Y Valladolid volvió a ilusionarse con el baloncesto, el deporte castigado y golpeado hasta casi su aniquilación. La Copa Princesa iluminó la mente de una ciudad de baloncesto que por exigencias de un guión cruel se ha visto obligada a hacer borrón y cuenta nueva para surgir de sus cenizas, las cenizas del desaparecido CB Valladolid. 10.734 días después o lo que es lo mismo casi treinta años después Valladolid pudo pujar ayer de nuevo por un título, por la Copa Princesa. En el recuerdo de los muchos románticos que hay en Valladolid (los que van al baloncesto y los que todavía se resisten a volver) sigue muy presente el recuerdo de aquel mítico e histórico Fórum Filatélico de los Sabonis, Tickonenko, Bustos, Lalo García, Reyes, Juane, Bento y compañía, que disputó la final de la Copa Princesa en septiembre de 1990 ante el todopoderoso Joventut de Corney Thompson, Pressley, Villacampa, los hermanos Jofresa, Morales y Ferrán Martínez. Una Copa Príncipe, por entonces de rango superior (la disputaban equipos de ACB, los tres primeros de la A1 y el primero de la A2), que el conjunto morado dirigido por Javier Casero acabó perdiendo por 85-67 tras dejar en la cuneta en semifinales al también acaudalado de estrellas  FC Barcelona, pero que dejó una huella, hoy, treinta años después todavía presente y reconocible.

Posiblemente ayer no fue el mejor día para jugarse un título al hacerlo entre semana y casi de forma atropellada por expreso deseo de una Federación que no entiende ni parece querer entender que para sembrar baloncesto hay que hacerlo de una forma diferente.

A pesar de los pesares la ciudad, todavía con mucha capacidad de mejora, acudió a la llamada del baloncesto aunque por la entidad del partido, toda una final, por debajo de lo esperado. Un baloncesto todavía de segundo nivel (LEB-Oro) pero tremendamente ilusionante y sobre todo capaz de conectar y meterse a la afición en el bolsillo. El Carramimbre ayer falló como antes lo hiciera su antecesor. Y lo hizo tras una semana con problemas, por culpa de una ‘maldita’ gripe que le acabó cortando las alas.

Ayer en el Pisuerga se volvió a respirar baloncesto, dicen del bueno. Un baloncesto sufrido, de contagio, de sentimiento, de lucha, de brega de, como poco, invitar a soñar otra vez con lo imposible, con el milagro de que el pez pequeño (el cuarto presupuesto más bajo de la categoría) pueda zamparse al pez grande (el segundo más elevado de la LEB-Oro). En la Liga fue capaz de hacerlo. Ayer, con un título en juego, pequeño pero título a fin de cuentas, no fue capaz demostrando que para ascender necesita algún cromo más que pegar a su álbum.   

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