Cruel despertar
El histórico sueño del BM Aula Alimentos de Valladolid plantándose en la final se transforma en pesadilla ante un Bera Bera superior

Melina Cozzi es agarrada por una jugadora del Bera Bera ayer en la final de la Copa de la Reina en Baracaldo.-PHOTO DEPORTE
... Y la alegría incontenida del día anterior tras lograr el hito histórico de meterse en la final de la Copa de la Reina se pasó al llanto, las lágrimas que inundaron el abarrotado pabellón Lasessarre de Baracaldo. Lagrimas de color plata, lágrimas de impotencia en una final en la que por una vez el corazón y el deseo que mandaba la cabeza del Aula Alimentos de Valladolid, no pudo superar a sus piernas. Al tremendo desgaste sufrido en las dos cruzadas iniciales ante Granollers y Elche multiplicado a la enésima potencia por las bajas de O’Mullony y Bea Puertas y los problemas físicos arrastrados de Eli Cesáreo, Ángela Nieto y Joana Bolling.
En esta ocasión el heroico (no hay posiblemente un mejor calificativo) BMAula Alimentos de Valladolid no pudo derribar el muro de la lógica. Ese muro que fechas atrás, el pasado mes de marzo, logró tumbar posiblemente arrebatándoles la Liga Guerreras Iberdrola en beneficio del Rocasa. Pero ayer no estaban dos punzones necesarios para hurgar en la herida del conjunto donostiarra. Sin O’Mullony ni Puertas, lesionada en su mejor momento de la temporada, la empresa ya era de por sí complicada por no decir imposible. Y todo porque el deposito de gasolina de las vallisoletanas estaba con la luz encendida.
Era una cuestión de tiempo, hasta que las fuerzas aguantaran. Y el Bera Bera, con la lección aprendida de su batacazo en Huerta del Rey, salió dispuesto a avasallar. El 1-6 o el 2-9 de salida, con tiempo muerto de Miguel Ángel Peñas entre medias, era solo un aviso. El Aula Alimentos de Valladolid, agotado, extasiado, tiraba de corazón como podía. Con su hasta la fecha brazo ejecutor (Elena Cuadrado) vigilado y sin la aportación esta vez de la portería, el BMAula se fue desangrando sin remedio con el paso de los minutos. Al descanso (8-18) ya no había batalla. La segunda mitad sobró siendo un injusto y cruel suplicio para las vallisoletanas.