Derrota por KO
El Leganés golea en Zorrilla a un desconocido Valladolid / Los dos primeros goles recibidos, en jugadas calcadas a balón parado / La reacción tras el descanso y el 1-2 de Toni no sirven de nada tras el fallo de Masip, que regala el 1-3

Verde, con gesto contrariado por la derrota frente al Leganés en el partido disputado ayer en Zorrilla.-J. M. LOSTAU
A estas horas estaríamos hablando de una derrota por KO si el duelo que protagonizaron ayer Valladolid y Leganés hubiera sido un combate de boxeo en lugar de un partido de fútbol. Hay días en los que casi todo sale mal y eso le ocurrió ayer al Valladolid en Zorrilla. No estuvo cómodo sobre el césped en el primer tiempo, se vio sorprendido por el Leganés en dos acciones a balón parado y se fue al descanso con un 0-2 que pesaba como una losa.
El partido estaba cuesta arriba pero había tiempo por delante para darle un giro. El Valladolid comenzó el segundo tiempo con otra velocidad, con el espíritu luchador que ha exhibido en multitud de jornadas y, sobre todo, con el juego fluido que no había realizado hasta entonces. El gol de Toni en el minuto 49 tras un trallazo de Nacho al poste dio paso a la esperanza. El Valladolid encerró al Leganés en su parcela y comenzó al fin a jugar el balón a ras de hierba en lugar de insistir como en la primera mitad con los centros aéreos que facilitan el trabajo de contención de los centrales del Leganés.
La reacción del Valladolid hacía concebir ilusiones. Verde, titular ayer, buscó el empate en el lanzamiento de una falta pero la posición no era la idónea y además estrelló el balón en la barrera y cuatro minutos después Cop no llegó a un buen centro de Antoñito. Sufría el Leganés agazapado en su área y se envalentonaba el Valladolid con su dominio y juego fácil.
Pero un fallo de Masip en el minuto 66 dio un vuelco al partido y volvió a mostrar a un Valladolid indeciso y nervioso. El portero se confió tras una cesión y cuando quiso alejar el balón de la línea de gol, cerca del poste derecho, vio con sorpresa cómo Carrillo se lanzaba al suelo y establecía el 1-3. Será uno de los goles tontos de la jornada y posiblemente de la temporada. Para el Valladolid fue letal porque significaba comenzar a remar de nuevo cuando el partido alcanzaba el ecuador del segundo tiempo. Son de estos goles con un tremendo efecto psicológico que dejan muy tocado a un equipo y dan aliento al rival.
De hecho, apenas diez minutos después el Leganés sentenciaba al marcar el cuarto gol con una facilidad asombrosa. Silva centró desde la banda izquierda, Carrillo saltó más que Nacho y cabeceó cruzado al fondo de la portería.
El descalabro pudo ser incluso mayor. El árbitro anuló otro gol al Leganés tras una falta clara y el equipo madrileño trató de agrandar en sus contraataques la herida del Pucela, totalmente roto a raíz del 1-4. El gol coincidió con el segundo cambio, Leo Suárez por Toni, con el que Sergio pretendía mayor velocidad en el ataque pero el destrozo ya estaba hecho. El Leganés había dejado al descubierto las debilidades del Valladolid y además se encontró con un gol decisivo cuando peor lo estaba pasando. El cúmulo de desaciertos del Valladolid estaba dejando el triunfo en bandeja a un equipo que no necesitó realizar un partido extraordinario para volver a ganar fuera de casa más de un año después.
Los desajustes en acciones a balón parado y el fallo de Masip no pueden tapar, sin embargo, las numerosas dificultades que el Valladolid tuvo para conducir el balón a lo largo del partido. Ya le ha pasado en partidos anteriores. Algunos jugadores no se encuentran en su mejor momento y el equipo lo acusa.