El sueño sigue vivo

Los blanquivioleta derrotan al Reus con un gol de Mata en el minuto 4 y se colocan séptimos a un punto de la promoción / El equipo se amuralló tras la expulsión de Olivas a media hora del final y supo mantener su ventaja

Jaime Mata celebra el único gol del partido, con Ontiveros al lado para felicitarle.-J.M. LOSTAU

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Arturo Alvarado
Valladolid

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Al Real Valladolid le cuesta controlar los partidos más que al pasajero de ‘Aterriza como puedas’ el avión, cuando toma sus mandos tras la intoxicación alimentaria de los pilotos. El aeroplano blanquivioleta avanza a tirones, ladeándose, con picados peligrosos y subidas de vértigo que tiran el equipaje de mano y los vasos de las bandejas plegables al suelo. Pero avanza. Sigue volando en pos de su objetivo y de lejos ya ve el aeropuerto al que pretende llegar.

Es difícil, que lo logre, pero no imposible. Naves mejor tripuladas y que avanzaban con viento de cola, como Zaragoza u Oviedo, han sufrido problemas de motor inesperados. Quien mejor pulso tenga, conserve más combustible y minimice riesgos, aterrizará con todos a salvo. Aunque sea como en la película. Gracias a su victoria frente al Reus, los pucelanos ya son séptimos y están a un punto de la zona de promoción, a expensas de lo que haga esta tarde Osasuna ante el Tenerife.

Pese a mantenerse en el aire, resulta imposible ver un partido completo de los pucelanos. El juego nunca discurre por donde marcan sus intereses, sino que se convierte en un cerdo engrasado al que a veces logra asir pero nunca atrapar.

Ayer, a diferencia de lo ocurrido en Lugo, la mala fue la segunda parte. El encuentro abrió los brazos a los locales, que repetían once, con un gol en el minuto 4. Sí, de Mata. ¿Quién si no? Un excelente robo de Óscar Plano tras un pase de Domínguez hacia atrás pero para nadie, permitió que el albivioleta progresase con el balón. Su centro fue rematado por el killer del fútbol nacional, entrando a bocajarro con un chut imparable.

El gol debió haber dado tranquilidad, poso y elaboración al juego local, pero parece que lo que le rompe al Real Valladolid es que haya gol pronto, ya sea a favor o en contra. Los de Luis César no supieron qué hacer con una renta tan rápida. Fue como si pensasen que no la merecían.

En lugar de llevar las riendas del encuentro, éste se les desbocó en los minutos siguientes. Fue un toma y daca en el que la buena noticia es que el Reus, ordenado y pizarril como el que más, no tiene gol. Y esto va de sorprender y marcar. Miramón pudo hacerlo al cuarto de hora, pero su potente balón impulsado en volea se perdió, despejado por Masip. Fue la ocasión reusense más clara de la tarde.

Los locales recobraron poco a poco el pulso del partido y se hicieron de nuevo con los mandos. Por fin se vio un Valladolid con señas de identidad parecidas al del inicio del campeonato: presión arriba y buen balance ataque-defensa.

Tras dos avisos de Luismi y Mata llegó la ocasión más clara del encuentro, tras el gol. Mata recibe un balón en profundidad y, cuando parece que se pierde por la línea de gol, se gira para enviar una asistencia genial a Plano, solo ante Badía. Pero no se la espera y manda fuera el cuero.

La rueda pucelana seguía girando y Míchel gozó de otra ocasión desde un poco más lejos de la frontal. Su manso tiro, tras excelente pase en diagonal de Antoñito, fue a las manos del meta.

Llegó el descanso y se fue el Valladolid. El tiro de Mata blocado por Badía en el minuto 2 dio paso al cambio de jerarquía. El Reus se estiró y dos ocasiones de Yoda despertaron algunos pitos de parte de la afición. La expulsión de Olivas en el minuto 58 por doble amarilla tras falta clara y mano, evidente pero involuntaria, dio una nueva vuelta de tuerca. Los pucelanos se acularon pero el Reus no creó peligro, sino inquietud. De hecho Mata pudo elevar el 2-0 en el minuto 93, pero el brillante Badía envió el balón a córner.

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El Pucela sigue con su plan de vuelo pese a sus grandes vaivenes, gracias a una notable racha de puntos en la segunda vuelta. Quiere convertir la comedia aérea en película épica. A tiempo está, si no se estrella.