REAL VALLADOLID-NÀSTIC (ANÁLISIS)
Tres contras, tres goles
La incapacidad defensiva pucelana cuesta la goleada / El equipo estrechó el campo y perdió a Toni tras el descanso

El portero Masip ayuda a levantarse al defensa Ángel tras uno de los tres goles del Nàstic.-J.M. LOSTAU
Los planteamientos de Luis César tienen algo de ruleta rusa. El gallego diseña duelos al KO, para saber si su kung-fu es más fuerte que el del rival. Cuando sus patadas y puñetazos funcionan, la victoria está casi asegurada. Si las extremidades se retraen, lo que está garantizado es la visita al hospital.
Todos (o casi) hemos aplaudido el aire revitalizador imbuido por el nuevo míster. Ha confeccionado un equipo alegre, vistoso y de inequívoco carácter atacante. Tras años de momias vivientes, es muy de agradecer. Pero para habitar la zona noble de Segunda son necesarias regularidad y solvencia defensiva, virtudes de las que el Real Valladolid no sólo carece sino que no sabe dónde encontrar.
Su partido de ayer fue una sucesión descontrolada de errores. De banquillo y de equipo. La exigencia a la que este sistema somete a sus futbolistas penaliza gravemente cualquier despiste. Ángel tuvo incidencia directa en el primer y tercer gol. En el que abrió el marcador se olvidó de bajar, mientras que los centrales, pareados en línea como los chalés, asistieron como testigos al cabezazo a gol de Mesa.
En el que cerró el marcador, el lateral madrileño ni se esperaba que Delgado fuese a pinchar así el balón. Casi se va hasta los Anexos. Y el segundo tanto (como todos, a la contra) evidenció al falta de entendimiento de Masip con su defensa. Calero falló en el despeje y el meta salió a destiempo. Los tres goles son errores concatenados y no provocados por el rival. Muy graves. Tanto como la incapacidad para la respuesta.
El ataque pucelano fue ayer tan embarullado como previsible. El control de la posesión en la primera parte no dejó más peligro que un tiro de Toni despejado a córner. En la segunda hubo muchas llegadas... tras el 0-3.
La lectura de partido del míster fue esta vez errada. La inoperancia de los laterales en ataque y la ausencia de extremos natos hasta la tardía salida de Gianniotas y Hervías, con todo resuelto, no hizo sino estrechar el campo, facilitando la defensa del Nàstic.
Tampoco ayudó retrasar a Toni, la gran baza en ataque junto a Mata. El canterano no es un distribuidor, sino un futbolista de desborde y último pase. Todo lo que sea alejarlo de la mediapunta supone restarle potencial. En el saco de los que están jugando gratis no sólo cabe incluir a Ángel. Plano sigue a la espera de emitir constantes vitales futbolísticas. Y Salvador ya no desequilibra como antes. El míster tiene trabajo. Empezando por él.